Procurar la seguridad de los ciudadanos y garantizar el ejercicio de los derechos y libertades, es la misión encomendada a la Policía Nacional Civil de Guatemala; sus integrantes deben conocer a profundidad los fines que desean conseguir, así como los medios científicos y técnicos puestos a su alcance.
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La formación policial entendida en su conjunto, conduce a la preparación del integrante de este cuerpo, en aquellos aspectos que se consideran indispensables para conseguir el nivel de conocimientos que le permitan asumir su función, siendo a través de los centros docentes de la Academia de la Policía Nacional Civil ubicada en la zona seis de esta ciudad de Guatemala y la Academia de la Policía Nacional Civil ubicada en las instalaciones del Ejército atrás de la Escuela Politécnica en el municipio de San Juan Sacatepéquez, las unidades responsables de canalizar los recursos técnicos y humanos para llevar a cabo las actuaciones precisas para la formación policial en Guatemala.
Dichos centros docentes tienen asignada la misión de seleccionar, formar y especializar a las personas que integran o han de integrar la Policía Nacional Civil; el profesorado de dichos centros debió ser seleccionado en base a sus conocimientos específicos y poseedor de la titulación universitaria de la materia a impartir, demostrada ésta mediante prueba selectiva para acceder a la docencia. «O sea» especialistas en las distintas materias de estudio que allí se imparten.
El desarrollo de la Ley de la Policía Nacional Civil configura sus funciones y competencias, las cuales se resumen en aquellas labores generales encaminadas a proteger a las personas y sus bienes, además, la prevención e investigación de los delitos en colaboración con otras instituciones ante situaciones de riesgo para la población, y otras más específicas como la actuación antidroga, control de entidades privadas de seguridad y colaboración con la Policía de otros países para el mejor cumplimiento de los anteriores fines.
En el desempeño de tales cometidos, es preciso lograr el mayor nivel de eficacia, que genere una creciente seguridad para el ciudadano, mediante una actuación preventiva y disuasoria o, llegado el caso, la investigación, para lo que la preparación recibida por el agente policial es de vital importancia.
La formación policial no debería ser una realidad estática, en consecuencia, asumir con cierta temporalidad en los planes de formación, los ajustes necesarios en función de los avances técnicos y científicos, las variaciones legislativas, los cambios en las conductas sociales y otros factores. Lo anterior para que el agente policial en su labor cotidiana disponga de la preparación idónea para desenvolverse eficazmente ante cualquier imperativo profesional. Esa puntual reorientación de contenidos se reflejará en la adecuación de su actuación policial en el marco social en que se desarrolla y en la mejor prestación del servicio por ley encomendado.