La reforma migratoria en los Estados Unidos


Antes de entrar en materia, quiero rendir homenaje a los cientos de miles de hondureños que a lo largo y ancho del paí­s se manifestaron en contra de los golpistas, el 11 de agosto, así­ como a los millones de ciudadanos en todo el mundo que nos solidarizamos con ellos. La situación de Honduras se acerca a su desenlace.

Ing. Raúl Molina Mejí­a

El presidente Obama ha pospuesto la discusión de la reforma migratoria para 2010, ofreciendo por ahora que se elaborará la propuesta en este año. Mientras tanto, Janet Napolitano continúa aplicando las polí­ticas de Bush para castigar a los inmigrantes indocumentados, lo que riñe con la condición de Estados Unidos como paí­s de inmigrantes. Tal parece que la inmigración es aceptable solamente cuando se trata del robo de cerebros y talentos de otros paí­ses; pero no cuando los trabajadores del mundo plantean que en el mundo globalizado de hoy también los recursos humanos deben gozar de plena movilidad. Una vez más, los lí­deres del neocolonialismo pretenden fijar lí­mites a nuestras aspiraciones.

La reforma migratoria ha quedado en suspenso. Esto no significa que la nación guatemalteca suspenda sus esfuerzos por lograr un trato más justo para nuestros compatriotas. El paí­s más castigado en materia de deportaciones es Guatemala, sin que existan mecanismos de protección para contrarrestarlas. í‰ste es uno de los temas que estaremos abordando hoy CONGUATE y la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG) con el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Conamigua. Recuperaremos la discusión iniciada en Chicago, hace pocas semanas, para definir los planteamientos concretos que el Estado y la sociedad civil de Guatemala, incluidos los migrantes, debemos llevar ante las autoridades de Estados Unidos.

Guatemala debe manifestar claramente que la migración guatemalteca hacia el Norte conlleva beneficios económicos para Estados Unidos, como parte de la explotación de nuestra mano de obra, pero altos costos sociales y ningún desarrollo para nuestro paí­s. Por ahora, solamente sirve como válvula de escape para nuestro subdesarrollo y dependencia; pero a costas de perder las generaciones jóvenes, el futuro del paí­s. Estados Unidos, como paí­s hegemónico que atrae grandes masas de desempleados y marginados, no desea la inmigración de indocumentados y nosotros tampoco. Pero la única forma de detener el flujo migratorio mesoamericano es generando desarrollo en esta región. Si Estados Unidos no entiende esto, y no parece que haya esa lucidez, por más muros que se erijan en la frontera, fí­sicos, virtuales y represivos, la migración del sur no se detendrá.

De manera que es mucho lo que Guatemala debe decir a Estados Unidos y son varios los mecanismos que se pueden proponer para garantizar una migración del sur que sea segura y respetuosa de la dignidad humana. Estados Unidos ha pospuesto la discusión de este tema vital; pero, mientras se pone serio con relación al tema, tiene la obligación de parar sus polí­ticas de persecución y criminalización de la inmigración que llama «ilegal» y dar un respiro a los millones de indocumentados que luchan por su supervivencia y la de sus familias en los paí­ses de origen. Hacer lo contrario, por más excusas que se utilicen, debe merecer nuestra permanente y total condena.