El presidente Obama recientemente se dirigió a Demócratas y Republicanos, a líderes laborales y empresariales, a agentes de cumplimiento del orden y líderes religiosos o sea, a estadounidenses que no están completamente de acuerdo entre ellos sobre todos los asuntos, pero que están uniendo fuerzas para apoyar la legislación que estuvo en el centro de la atención del Congreso últimamente, para proponer un proyecto de ley bipartidista y arreglar un sistema de inmigración que no funciona, la reforma migratoria.
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Con claridad y sentido común y utilizando un poco sus palabras, todo el debate tiene su punto de partida en una sola esencia: “Estados Unidos es una nación de inmigrantes”, y a través de la historia, la promesa de esa tierra es que todos los provenientes de todos los rincones del mundo han hallado en ella un lugar para vivir y hacerlo su hogar. Esa esencia ha sido una de sus mayores fortalezas; esa esencia y su fortaleza ha mantenido viva, vibrante y dinámica a esa fuerza laboral. Esa fortaleza ha mantenido los negocios a la vanguardia, y también es la fuerza que ha contribuido a construir el más extraordinario motor económico que el mundo haya conocido en la historia. Los inmigrantes no solo son parte del carácter nacional de ese progreso, sino que son una fuerza impulsora de la economía, que crea empleos y prosperidad para todos sus habitantes.
Son palabras llenas de sentido y de visión, pero también de emoción con el fin de arreglar un sistema de inmigración disfuncional. El compromiso del Presidente Obama en su segundo periodo de Gobierno no podía esperar más. El Congreso recién ha aprobado la Reforma Migratoria para dar asilo a más de once millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. Este podría ser el legado más grande del Presidente antes de su salida para beneficiar no solamente el estatus migratorio de las personas, sino el efecto que estas personas generarán en la economía de ese país en el mediano plazo.
El proyecto de ley proveerá un camino para ganarse la ciudadanía a los 11 millones de personas que están ilegalmente en el país; es un camino que incluye el proceso de pasar una verificación de antecedentes, aprender inglés, pagar impuestos, obtener su propio seguro de salud, pagar una multa, para luego situarse al final de la fila detrás de todo aquel que esté haciendo lo correcto y esté intentando convertirse legalmente en residente o ciudadano norteamericano. La tarea del Congreso es completar el proyecto para finales del verano, a finales de Agosto de 2013.
La Oficina de Presupuestos del Congreso estima que el proyecto migratorio reducirá los déficits federales en $200 mil millones en los próximos diez años y $700 mil millones en 20 años. El análisis expresó claramente que los impuestos adicionales que paguen los nuevos inmigrantes que se legalicen no solo compensarían todo nuevo desembolso, sino que serían suficientemente sustanciales para reducir el déficit durante el espacio de 20 años. Una parte sustancial de los nuevos impuestos la pagarían los inmigrantes previamente indocumentados. Mientras que muchos de esos trabajadores ya pagan impuestos federales, millones más pagarán impuestos sobre la nómina una vez que ellos puedan obtener un estatus legal y trabajar legalmente.
También determinó que la reforma migratoria aumentará el PIB del país entre un 3.3% para el décimo año y 5.4% para la siguiente década, lo que representa un aumento de $700 mil millones en el 2023 y $1.4 billones en el 2033, derivado de una mayor participación en la fuerza laboral, una mayor inversión, y un aumento en la productividad que resulta de los avances tecnológicos, como nuevas innovaciones y mejoras a la producción.
En adición a otros beneficios de construir un sistema de inmigración del siglo XXI, están fortalecer la seguridad nacional, impulsar la creación de empleos, promover la innovación, y garantizar que Estados Unidos mantenga su posición de liderazgo al tener la fuerza laboral con mayor talento del mundo.