La reforma de salud y la nueva izquierda (II parte)


La semana pasada escribí­ sobre la Reforma de Salud desde el punto de vista conceptual y de las estrategias que se deberí­an implementar, hoy agrego el enfoque de la desnutrición que asociada a las enfermedades infecciosas eleva la mortalidad infantil. Los altos í­ndices de mortalidad asociados a la desnutrición infantil como detonante, representan el más serio problema que enfrenta nuestro Sistema de Salud. Igualmente importante es el daño cerebral irreversible que provoca y limita la capacidad de aprendizaje, dicho en otras palabras, un número crecido de niños en Guatemala se enferman y mueren por el hecho de estar desnutridos y los que sobreviven lo hace limitados de por vida en su inteligencia y desarrollo fí­sico.

Mario Castejón

La desnutrición es una enfermedad económico social que para su solución requiere de polí­ticas que aseguren un ingreso familiar adecuado, ingreso que permita comprar alimentos de alto valor biológico (leche, huevos, carne, etc.) esto sólo es posible con mejores salarios lo que exige un desarrollo económico sostenido, priorizando el Gobierno esta necesidad a través de su Congreso como bien lo dijo el presidente Lagos en su visita al paí­s.

La desnutrición infantil costó a Guatemala 3,128 millones de dólares en 2004, esto avalado por un estudio presentado en Panamá hace una semana por el Programa Mundial de Alimentos. Agrega que unos 12 mil niños guatemaltecos murieron en dicho perí­odo por esa causa. En conjunto representa el 6.4% de PIB de C.A. aun cuando los números en rojo de Guatemala son mayores que los de otros paí­ses que le siguen: El Salvador con 1,175 y Honduras con 780 millones. Estos son datos proporcionados por la CEPAL y están basados en los efectos de la desnutrición en la salud, Educación y Productividad, las pérdidas materiales superan el 10% y de no hacerse algo, para 2015 será un 20%. Sin olvidar que la desnutrición a la larga condena a nuestros recursos humanos futuros, la niñez afectada sufrirá daño de por vida en sus destrezas y en su capacidad intelectual, lo cual en un mundo globalizado y altamente competitivo significa una franca desventaja.

En 1964 los doctores Mata y Urrutia del INCAP encontraron en Santa Marí­a Cauqué (población piloto del Altiplano) que las madres que se alimentan con dietas pobres -que son la mayorí­a- dan a luz niños desnutridos en un 43%, la mitad de los cuales por esa causa mueren el primer año de vida. Además, demostraron que al reforzar la dieta de las madres desaparecí­a el problema.

Años atrás conocí­ a un pediatra panameño, el doctor Renán Esquivel, brillante ministro de Salud de Torrijos. Entendiendo el problema Esquivel rechazó de UNICEF una donación de incubadoras para ayudar a sobrevivir a los recién nacidos desnutridos, pidiendo a cambio tractores para trabajar la tierra, las comunidades y obtener alimentos para las madres que por su estado de desnutrición crónica dan a luz niños de bajo peso.

En Guatemala el tema de la desnutrición no ha sido comprendido por nuestros Gobernantes lo cual viene a ser lamentable, porque si no lo conocen pueden asesorarse convenientemente, de lo contrario es una gran irresponsabilidad. Años atrás un funcionario de la FAO trató de asesorar a una delegación guatemalteca encabezada por un vicepresidente que asistió a una Cumbre Mundial de Alimentos. No fue posible, no participaban y demostraron poco interés. El presidente Fidel Castro sí­ estuvo presente en todas las sesiones muy interesado, al final se robó el show y obtuvo ventajas para su pueblo.

El problema resumido es así­: hasta los cuatro a seis meses de edad los niños se nutren aceptablemente a base de leche materna. Luego la lactancia es insuficiente y es sustituida por atoles y más tarde por alimentos sólidos de baja calidad. Debido al pésimo saneamiento ambiental sobrevienen infecciones con diarrea y se disminuye la ingesta alimentaria. A partir de esto se desacelera el crecimiento lo cual alcanza su máximo alrededor de los 36 meses. Para la edad escolar, la talla y el peso es menor a lo normal, a lo que habrí­a que agregar que en buen número de estos niños su capacidad de aprendizaje es limitada. Al convertirse en adultos es caracterí­stico su poco rendimiento en el trabajo y todo aquello que signifique un mayor esfuerzo fí­sico y mental, por ello la desnutrición del adulto también es un lastre para el desarrollo.

El Secretario Presidencial saliente a cargo de Seguridad Alimentaria declaró que el presidente Berger no consideraba la desnutrición como un problema integral y que creí­a que se deberí­a focalizar el tema. Este criterio es el mismo con el que se han enfocado ancestralmente y así­ no se encontrará una solución.

Decí­a en mi entrega anterior que la derecha fracasó en el tema de salud y por ende en la solución al problema nutricional. Es el momento que la insignia cambie de barco y una izquierda moderna como la que representa la UNE con ílvaro Colom y Rafael Espada puede ofrecer una alternativa de solución a través de un enfoque integral de la situación de salud.