Por haber conformado a través de los años, tres corporaciones municipales en Antigua Guatemala, la primera durante el Gobierno de facto del coronel Carlos Castillo Armas (1954), la segunda por elección popular, como Concejal Primero de la Municipalidad de don Guillermo Arzú Matheu (1961-66) y la tercera electo Alcalde Municipal (1966-70), creo conocer un poco el quehacer municipal.
El funcionar de una Municipalidad se puede comparar con el juego de ajedrez, el primer año corresponde a las 5 o 7 jugadas de apertura, y es el año en que se debe ejecutar de inmediato, una obra de beneficio para la comunidad, el segundo y tercer años, involucran los movimientos de medio juego y es el período de desarrollo del plan de trabajo (si es que se tiene); y por último, las jugadas finales tratando de dar jaque mate; y es aquí donde el Alcalde en funciones tiene ventaja sobre sus contrincantes, pues es el último año de su período y es en el que se echa como se dice «el resto», para finalizar los proyectos de infraestructura que se realizan con recursos municipales, pero que el Alcalde en funciones, aprovecha para hacerse imagen, sin que le cueste un centavo.
Es por eso que la reelección de los alcaldes, en mi opinión personal, debiera permitirse con un período de intervalo, con lo que el alcalde que se pretende reelegir, jugará sus cartas en las mismas condiciones que sus contrincantes.
Para lograr esto, habría que modificar el Código Municipal, lo que tendría que solicitarse al Congreso de la República, en aras de unas elecciones municipales más justas y ecuánimes.