La reducción de la pobreza


Ayer las autoridades del Instituto Nacional de Estadí­stica dieron a conocer nuevas cifras sobre los niveles de pobreza en el paí­s y afirmaron que hubo una reducción porque de 56 por ciento de pobres, se pasó a 51 por ciento en los últimos seis años. Si aceptamos como veraz tal cifra, hay que decir que esa reducción habrí­a sido resultado de los ingresos que de hecho mantienen a la economí­a del paí­s, puesto que de no ser por las remesas familiares no existirí­a razón alguna para que algunas familias pudieran escapar de ese tenebroso umbral de la pobreza.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Porque honestamente hablando no se puede hablar de ninguna polí­tica de estado que se oriente a mejorar las condiciones de vida de la población. Es más, hasta en materia de salarios mí­nimos existe un estancamiento que ha afectado a la población en los últimos cuatro años y ello afecta a muchos de quienes componen la fuerza laboral del paí­s, especialmente en el campo. De suerte que serí­a nuevamente el esfuerzo de aquellos que han emigrado en busca de mejores horizontes lo que estarí­a marcando alguna diferencia porque con sus enví­os de dinero a las familias les permiten ingresos que superan el indicador de la pobreza.

Indicador que vale la pena analizar, puesto que se considera que están en condición de pobreza quienes subsisten con un ingreso mensual de 548 quetzales al mes, pero todos sabemos que aún con más de eso, la gente no puede siquiera atender sus necesidades básicas, por lo que el valor estadí­stico de la cifra resulta de entrada cuestionable.

Pero el punto más importante es que la pobreza no se puede disminuir ni rebajar simplemente con buenas intenciones ni por generación espontánea. Tiene que haber una polí­tica de Estado para impulsar programas que tiendan a reducir los í­ndices de pobreza y entre ellos el papel del salario mí­nimo juega un papel importante, aunque no es el principal porque buena parte de la población no forma parte del contingente laboral de la formalidad económica.

Personalmente creo que presumir de una reducción de los í­ndices de pobreza en la forma en que lo hicieron los funcionarios que asistieron a la presentación del Instituto Nacional de Estadí­stica es absurdo porque si el paí­s no tiene siquiera un crecimiento económico que compense el crecimiento demográfico, de dónde puede salir el recurso para reducir el í­ndice de la pobreza. Se trata de puro sentido común para ver que con los magros indicadores de crecimiento no se puede matemáticamente hablar de rebaja en el contingente de pobres, sobre todo porque no existe ningún criterio de redistribución y ni siquiera en el plano fiscal hay adecuadas medidas para que se pueda aliviar la carga de los más necesitados.

Y por ello es que los indicadores estadí­sticos siempre son puestos en entredicho, porque así­ como en Educación hablan puras babosadas en cuanto a los «logros» de cada gobierno, ahora resulta que también en cuanto a los niveles de pobreza Guatemala está mejorando en una forma que no se percibe en la realidad, por mucho que lo enfatice el dato estadí­stico.

Creo que vale la pena que los expertos en ciencias sociales aborden el tema para que se pueda abrir un debate sobre tanta arista que hay que debatir para analizar el tema de la pobreza en Guatemala. Si el informe del INE sirve cuando menos para provocar ese debate y nos abre a algunos los ojos sobre nuestra pobre realidad, valga la redundancia, habrá valido la pena todo lo dicho hasta hoy.