Entre más años se cumple más se mira al pasado. Eso me sucede ahora que veo la red vial hecha pedazos y la algarabía de mi viejo y desvencijado Toyota se queja por los hoyos de la ciudad. Ahora me recuerdo de las cebollas de Egipto. Pienso en el trabajo, eso sí hay que reconocerlo, que realizó la administración Arzú en aquellos años 90.
Don ílvaro no es santo de mi devoción, pero hay que reconocer que él junto a Fritz realizaron un trabajo ejemplar en la materia. No sólo cuidaron escrupulosamente las calles, sino que extendieron el pavimento a lo largo del país. Daba la impresión que querían planchar las carreteras, nomás aparecía un hoyo las cuadrillas del Ministerio de Comunicaciones aparecían para curarlo. Entonces se podía correr (siempre hubo excepciones, claro está) y los carros si hubiesen expresado sus emociones se habrían visto felices.
En aquel entonces pensé que ese trabajo no era espectacular y que cualquier Ministro con dinero habría hecho un trabajo eficiente. Pero estaba equivocado. Desde aquella aparente edad de oro de las carreteras han pasado varias autoridades y, poco ha sucedido. Siguen recibiendo dinero del Erario, pero la capacidad de ejecución es pobre. La mayor parte de ellos se han dedicado a quejarse y a dejar la red vial a la buena de Dios y, está visto, que ese señor no hace milagros.
El resultado está a la vista. Las carreteras que eran uno de nuestros tantos orgullos nacionales están hechas un desastre. Y no me refiero sólo a las de fuera de la ciudad, sino especialmente a las de la capital. ¿Qué pretexto tendrán las autoridades? ¿Dirán que es la escalada de precios del petróleo? ¿Las lluvias? ¿El viento? ¿El calentamiento global? ¿El cambio de gobierno? No lo sé, pero lo que sí se experimenta es un abandono inexplicable de esta infraestructura a nivel nacional.
Si las impresiones son importantes en la vida de las personas, mucho más lo son en lo político. Eso lo sabe muy bien don ílvaro Arzú que con proyectos, muchas veces cosméticos, ha sabido situarse en la preferencia de los votantes capitalinos. ¿Sabrá esto la administración Colom? No se puede llegar al corazón de la ciudadanía si en actos tan pequeños como, digamos la reparación de baches, se es tan deficiente e ineficaz. La lógica podría llevarnos a concluir que si un gobierno no sabe resolver lo pequeño, menos estará en capacidad para enfrentar los grandes retos nacionales.
Ahora que lo pienso, debemos estar graves como para recordar hechos positivos de la administración Arzú. Esto demuestra que siempre se puede estar peor.