Sin ser alarmista, por el contrario, siendo previsor y realista, en sucesivas opiniones durante los últimos 24 meses, he manifestado que a Guatemala y Centroamérica arribarían las consecuencias de la crisis económica y social que abarca al mundo, que independientemente de lo que fueran nuestros buenos deseos, afectaría a todos los guatemaltecos, especialmente al 50.9% (6 millones 570 personas) que se encuentra en pobreza y al 15.2% (1 millón 960 mil personas) en extrema pobreza o miseria.
jfrlguate@yahoo.com
Opiné que el gobierno de la Gana había disfrutado de vacas gordas, que ello había sido su suerte y no su mérito; su culpa, la de no aprovechar y prever que todos sufrieran menos cuando arribaran los años de las vacas flacas.
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Manifesté que la presidenta del Banco de Guatemala, María Antonieta de Bonilla, se estaba poniendo tapones en los oídos para no escuchar, una venda en los ojos para no mirar, que las cifras y los hechos no se cambiaban con ignorarlos, que los tiempos arribarían igual que jinetes del Apocalipsis y que en nuestro país se presentaría algo que la casi totalidad de los guatemaltecos no había vivido nunca: «La recesión».
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El mes pasado se reunieron en Managua los presidentes de los bancos centrales de Centroamérica y revisaron las proyecciones que habían mantenido con respecto al crecimiento del área, señalando que Centroamérica en general crecerá entre el 0% al 1%. «Se quedan cortos». A finales de año todos estaremos con el 0 por ciento de crecimiento o menos, más grave aún, la riqueza se continuará concentrando en unos pocos y la pobreza se ampliará y rebasará las actuales cifras.
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Regresaremos a tener dos terceras partes de la población en pobreza a no ser que el gobierno y el Organismo Legislativo, a través de la carga impositiva, la inversión pública logren paliar, minimizar y en algún grado evitar el problema de la ampliación del número de personas en pobreza y extrema pobreza. Ello significaría tener que ampliar los impuestos directos, que esa pequeña élite se obligue a aceptar en conciencia que no puede concentrarse más la riqueza, que tampoco puede ampliarse la pobreza sin que ello no implique delincuencia, inseguridad, insatisfacción y por tanto enfrentamiento social.
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Los indicadores económicos a los que nos enfrentaremos serán desempleo, menores exportaciones, reducción de las remesas familiares, contracción del crédito bancario y cierre de pequeñas y medianas empresas. La compra y el consumo interno se verán afectados porque a la mayoría de la población no le quedará de otra.
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Ni Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Costa Rica se salvarán de la peor tormenta económica que se producirá en este siglo. Nuestros nietos y nuestros bisnietos, igual que ahora lo hacemos nosotros con la crisis de los 30, escucharán de lo grave que fue esta crisis de principios del siglo XXI.
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Señores diputados, por enésima vez, ya no aprueben tratados de libre comercio innecesarios con Colombia, Chile y Perú, aumenten la bonificación salarial de Q250 a Q500. Al Gobierno en conjunto le insisto: apliquen el capitalismo popular, construyan las hidroeléctricas, hagan la Transversal del Norte y la autopista de peaje en la costa sur y demás infraestructura, creen urgentes fuentes de trabajo.