Este cráter, conocido como el pozo de Darvaza, junto a la pequeña aldea del mismo nombre, en el desierto de Karakum, entonces región de Turkmenistán, se formó un cráter de 60 metros de diámetro y 20 de profundidad. Se trataba de una cueva subterránea completamente llena de gas natural. A la fecha no deja de arder y quienes lo observan se maravillan de tan majestuoso espectáculo.