En el mejor de los casos la propuesta defendida por Gudy Rivera en relación a responsabilizar penalmente a los menores, no puede ser sino un intento desesperado en un contexto de ahogo (si no político), para enfrentar un problema complejo que merecería más que parches, una estrategia integral.
Rivera lamenta que las leyes guatemaltecas sean obsoletas en materia de responsabilizar penalmente a los niños y adolescentes. Y propone reformar el Código Civil para que los menores de 18 y mayores de 14 años que transgredan la ley sean considerados mayores de edad para efectos de imputabilidad.
¿Qué le parece? Muchachos de 14 y 15 años en bartolinas, compartiendo techo y pan con delincuentes adultos, profesionales de la maldad y casi irrecuperables en vista a un pasado que los ha marcado de por vida. Creo que algo no suena bien y llevamos las cosas a extremos conducidos por la desesperación y la facilidad de proponer remedios caseros.
¿Por qué no proponer mejor programas de atención a niños y adolescentes que deambulan por las calles para evitar que las circunstancias los lleven por caminos equivocados? Supongo que son más caros o no generan mayores réditos políticos para ganar campañas de elección popular. Le cuento a continuación mi experiencia en mi paso breve por la administración pública, en relación al tema.
A alguien se le ocurrió la brillante idea (de verdad que no era mala), que el buen Blandón, dado que trabajaba en áreas marginales para la Municipalidad de Guatemala y a su pasado de monje conventual, se comprometiera en la iniciativa de ir por las calles –al mejor estilo de Madre Teresa–, recogiendo niños que hacían malabares en los semáforos. Los llevábamos al Centro Cívico y le ofrecíamos pan y bebida.
Huelga decir que me sentía Jesús de Nazaret haciendo el bien y multiplicando los exiguos recursos del Palacio de la Loba. Sin embargo, la experiencia, aun cuando no era extraordinaria, no duró ni siquiera un mes. En primer lugar porque no había un verdadero proyecto que encarara las necesidades juveniles y en un segundo momento porque también, digámoslo directamente, el Alcalde jamás se tomó en serio la iniciativa. La idea era una ocurrencia de un síndico que algo tramaba y yo nunca lo supe.
No deseo minimizar las cosas, trabajar en proyectos de atención a niños y adolescentes no es ni fácil ni barato. Se requieren recursos financieros y humanos que cristalicen no digo el rescate de jóvenes que a veces son irrecuperables, sino la prevención que les evite tomar caminos equivocados. Creo, sin embargo, que esta es la vía más civilizada e inteligente antes que pensar criminalizar a los niños en su más tierna edad.
En tal sentido, no se puede tomar en serio a Gudy Rivera. El diputado piensa como troglodita, es un pitecántropo cuyo mejor recurso (el más inteligente) es el garrote. Y claro, en nuestro contexto salvaje no me extrañaría que algunos aplaudan su iniciativa, pero no nos equivoquemos, la estrategia no sólo es precipitada y casuística, sino también draconiana y de poca sensatez.