La pregunta de rigor en los cines mexicanos


FOTO LA HORA: BRIAN HARKIN

El uso de máscaras en los restaurantes mexicanos se ha vuelto cotidiano.» title=»FOTO LA HORA: BRIAN HARKIN

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<p>«Â¿Puedo tomarle la temperatura?», es la pregunta de rigor en los cines mexicanos, donde tanto en la entrada como en la taquilla el público es examinado y advertido sobre el peligro de contagio de la gripe porcina, que aún flota en el aire.</p>
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«Qué aburrido, esto ya es demasiado: en el transporte público, en el trabajo, ahora en el cine», se queja Lissette Berriel mientras se refriega las manos con gel desinfectante, último paso antes de comprar la entrada para una pelí­cula en una de las mayores cadenas de cines de la capital mexicana.

Antes, al igual que todos los asistentes, Lissette tuvo que completar un cuestionario sobre el estado de su salud y se dejó tomar la temperatura.

«Si tienen más de 38 grados (Celsius) no pasan», explicó Daniel Hernández, el encargado el viernes por la noche de tomar la temperatura con un termómetro digital a cada persona que ingrese al cine.

«En general la gente ha reaccionado bien, acepta todas estas medidas», añadió.

«Pues ni modo. Vine ayer y hoy y los dos dí­as tuve que hacerlo, aunque sólo éramos dos personas en toda la sala», contó Humberto Romero, otro de los asistentes que se friega las manos con gel.

«Esto es una payasada», reclama una mujer que abandona rápidamente el cine al enterarse que debe cumplir el protocolo.

Los cines reabrieron el jueves tras ocho dí­as clausurados en una medida ordenada por las autoridades mexicanas para evitar el contagio de la gripe A (H1N1), que dejó 48 muertos en México, la mayorí­a en la capital.

La medida afectó también a bares, restaurantes, estadios y todo sitio que implicara la aglomeración de personas.

La orden se levantó aunque con restricciones. En el caso de los cines, se sugiere a los asistentes que dejen butacas vací­as entre ellos, así­ como en restaurantes o bares se espera que haya menos mesas instaladas para que, así­, llegue también menos público.

«Obviamente esto significa más pérdida que ganancia», admite Oscar Rojas, administrador del cine.

«A todos les hacemos recomendaciones, tanto en el acceso como en la taquilla, y también antes que empiece la pelí­cula», añade.

El responsable reconoce sin embargo que las recomendaciones son sólo eso, y quedan a criterio del público, ya que reconoce que «en realidad es muy difí­cil que personas que vienen juntas se sienten separadas».

«Claro, nos vamos a sentar los tres juntos, las familias sí­ pueden», responde Marí­a de los íngeles González, que llegó al cine con su marido y su hija, argumentando que no tiene ningún sentido separarse en el cine si se están todo el dí­a juntos.

Dentro de la sala efectivamente habí­a pequeños grupos o parejas, separadas de otras por varias butacas.

«A mí­ esto me aburre», comenta Adriana Miranda, una joven que acaba de ver una pelí­cula junto a una amiga.

Para íngeles Pineda, sin embargo, es un alivio.

«Acá en la Ciudad de México somos tantos, que venir al cine y que haya poca gente es tan agradable: el aire está fresco, más liviano, se siente mucho mejor que estar todos apretujados».