Algunos de mis pocos lectores podrán decir que exagero cuando critico insistentemente el pésimo comportamiento de nuestros diputados en el recinto parlamentario, porque ellos son producto de la podredumbre de valores y principios ampliamente proliferada en nuestra sociedad. Pero analícenlo, no es exageración, porque se supone que los ciudadanos debiéramos elegir a nuestros representantes dentro de la flor y nata de nuestra sociedad.
fracaceres@lahora.com.gt
Es decir a los mejorcitos, a los más capaces, a los más educados y por qué no, a ejemplares damas y caballeros y no a lo peor que podamos extraer de la misma. Eso de proferir gritos a voz en cuello o a través de megáfonos, ponerse a quemar cohetillos, a forcejear y querer convencer a las trompadas, es medianamente aceptable en los graderíos de los estadios, pero jamás en el recinto diseñado para discutir los intereses de la patria y sus habitantes.
-¿De qué te extrañas?, argumentaba un amigo para explicarme que el Congreso es la real representación de una sociedad caduca y mal formada, aduciendo que lo mismo sucede en otros parlamentos en diversos países del mundo. Sí, está bien, acepto que en todas partes se cuecen habas, pero eso no debiera significar que lo sigamos aceptando y copiando solo lo malo, cuando resulta igual imitar lo constructivo y positivo de otras sociedades. ¿Le costará mucho a la nuestra seguir lineamientos mucho más positivos y constructivos para ir cada día mejorando o superando nuestras deficiencias? Claro que no le cuesta absolutamente nada.
El sentido ético de la política es una disposición a obrar en una sociedad utilizando el poder público para lograr objetivos de provecho para todos. En otras palabras, la política así como es medio, también es un fin cuyo objetivo fundamental es el bien común. En sentido religioso, San Marcos describe puntualmente cuando Jesús reunió a sus doce apóstoles y les dijo: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran dueños y los poderosos los oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”. Después de leer lo anterior seguramente usted también va a poder preguntarse: ¿hasta qué punto llegamos que por ninguna parte aparece al menos un político que sea la excepción que confirme la regla? La ambición desmedida de esta casta forma parte de su egoísmo, como también la soberbia y la destrucción a la que están llevando al país. Por ello, ante el peligro en que está la patria que vamos a heredar a nuestros hijos y nietos, aseguro que llegó la hora de decir ¡hasta aquí!