La policía keniana intentaba hoy en Nairobi dispersar por la fuerza a cientos de partidarios de la oposición que pretendían participar en una manifestación convocada por el derrotado candidato opositor a las presidenciales, Raila Odinga, y prohibida por las autoridades.
La policía utilizó cañones de agua, disparos al aire con balas reales y gases lacrimógenos contra los partidarios de Odinga, que se habían reunido en torno a unas barricadas en llamas cerca del barrio de chabolas de Kibera, uno de los feudos del líder opositor.
Hoy en la mañana no se había informado de ninguna nueva víctima. La oleada de violencia política y étnica que estalló en Kenia tras el anuncio de la victoria en las elecciones del 27 de diciembre del presidente saliente Mwai Kibaki dejó hasta ahora 342 muertos, según un balance establecido a partir de información de fuentes policiales y de los depósitos de cadáveres.
«Tuvimos que dispersarlos porque no se les autoriza a manifestar en la ciudad», declaró un comandante de policía, Herbert Khaemba.
«Recordamos una vez más que esta concentración fue declarada ilegal y que toda persona que tome parte en ella será tratada según la ley», advirtió el portavoz de la policía keniana, Eric Kiraithe.
Nairobi se despertó hoy en un clima de estado de sitio, con miles de policías desplegados en la capital para reprimir la manifestación, convocada por Odinga tras varios días de disturbios.
Todos los accesos a Kibera -la mayor villa miseria de la ciudad, donde Odinga es diputado- habían sido cerrados por la policía antidisturbios y las fuerzas paramilitares.
En el centro de la ciudad, miembros de la policía paramilitar se desplegaron en torno al parque Uhuru, donde Odinga había pedido a sus partidarios que se reuniesen.
Rollos de alambrada impedían el acceso a un hotel cercano al parque.
La actividad había vuelto ayer a la capital keniana tras una semana de parálisis total, pero los comercios volvieron a cerrar hoy por temor a los enfrentamientos.
Unas 100 mil personas se vieron desplazadas por la violencia en los últimos días, según la Cruz Roja keniana, que hoy lanzó una petición de donaciones por valor de 7,5 millones de dólares, (5,1 millones de euros).
Los esfuerzos diplomáticos se aceleraron con la esperanza de que Kibaki y Odinga se sienten a conversar para evitar que el país se sumerja en el caos.
El premio Nobel de la Paz sudafricano Desmond Tutu viajó a Nairobi para unirse a los esfuerzos de mediación.
La visita a Kenia del presidente de la Unión Africana, John Kufuor, que en un primer momento fue anunciada anoche, no había sido confirmada hoy en la mañana.
Por su parte, el gobierno keniano consideró que la situación no requiere una mediación.
«El presidente Kibaki está dispuesto a hablar con todos y en todo momento», declaró ayer el portavoz del gobierno, Alfred Mutua. «Sin embargo, hay que subrayar que Kenia no está en guerra y no necesita ni mediadores ni fuerzas de mantenimiento de la paz», agregó.
Odinga acusó a Kibaki de falsear el resultado electoral manipulando por lo menos 300 mil votos.
Las dudas sobre la credibilidad de los comicios crecieron tras las reciente declaraciones del presidente de la comisión electoral keniana. «No sé si Kibaki ganó la elección», afirmó Samuel Kivuitu, que sin embargo había proclamado la reelección de Kibaki con más de 230 mil votos de ventaja.
El presidente de Kenia, Mwai Kibaki, reelegido el 27 de diciembre en unas cuestionadas elecciones que provocaron sangrientos enfrentamientos, se declaró hoy «dispuesto» al diálogo político, «una vez que la calma vuelva» a ese país del este de ífrica.
«Estoy listo a tener un diálogo con las partes implicadas una vez que la nación se calme y que la temperatura política haya disminuido lo suficiente como para lograr un compromiso constructivo y productivo» de todas las partes, declaró Kibaki en una conferencia de prensa en Nairobi.
«Les quiero asegurar que el gobierno hace todo lo que puede para garantizar la seguridad de los kenianos (…). Quienes continúen violando la ley deberán responder» ante la justicia, agregó.
Tras las elecciones generales del 27 de diciembre, Kenia se ha visto azotada por una ola de violencia político-étnica que ha causado al menos 346 muertos, según el último balance establecido en base a fuentes médicas, policiales y de algunas morgues del país.
El presidente saliente, Kibaki, ganó las presidenciales con un escaso margen de 231.728 votos respecto a su principal rival, Raila Odinga.