En 2011, Año de Institucionalización de la Memoria Histórica, el Programa Nacional de Resarcimiento, institución del Estado guatemalteco, convocó a participar en el Festival por la Memoria y la Justicia en las ramas de poesía, canción y artes visuales.
La selección de poemas, consumada por Marco Antonio Flores, mereció ser publicada en el volumen La poesía de la memoria (primera edición: Dic. 2011, 2000 ejemplares, 258 págs.), con el lema “Por la dignidad de nuestros mártires”. Aparecen trabajos de 114 participantes, mujeres y hombres de diferentes edades, etnias, procedencias y cultura personal.
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Poesía de (en) la memoria. Memoria de (en) la poesía. La poesía inseparable de la memoria. La memoria traducida en vocablos es poesía. Rememorar con palabras es poesía. Memoria viva. Memoria y vida. Memoria purificada de rencor y de venganza. Memoria acrisolada en la dignidad y la justicia. Memoria plural y compartida. Memoria que lanza su anzuelo al río manso de la justicia; que vuela su barrilete por encima del horizonte de esa justicia adormecida. Memoria ubicua, de huellas que abren caminos en el aire, el polvo, el fuego, el agua revivida.
Memoria que renace cada día y se acuesta con la Luna. Catarsis cotidiana, con el mundo entero como escenario, más allá de la tragedia griega.
Una memoria que vive y late allende los sepulcros anónimos, las cruces de palitos torcidos, las lápidas sin labrar, los epitafios con faltas ortográficas…
Poesía memoriosa, memoria poética que trasciende los avatares de la sangre, el sufrimiento, la muerte compartida… La memoria guatemalteca es una mujer preñada, campesina de pechos henchidos, con un clavel rojo en el puño levantado a guisa de bandera que descifra el horizonte.
Para la memoria no hay amnistía, prescripción, impunidad, y el perdón es soberanía del corazón. La poesía evocadora del holocausto restriega en la cara de los señores de la muerte los hitos palpitantes de la memoria. Los testigos y testimonios son poesía vivida que sobrevive a toda sentencia de muerte dictada por el olvido.
Dice la memoria: Pídanme cualquier cosa; menos que olvide a mis muertos martirizados, a mis vivos, a mis sobrevivientes, ¡a mi propia muerte! A mí nadie me sobrevive, mucho menos los señores de la guerra… Y siempre, recordemos la muerte y no olvidemos la vida.
La edición de La poesía en la memoria debe ser considerada como parte de un resarcimiento orgánico e integral, de dignificación y justicia para con las víctimas del peor exterminio humano perpetrado en América Latina a lo largo del siglo XX.