«La pobreza sigue siendo un escándalo»


Según Clara Arenas, directora ejecutiva de Avancso, a la pobreza se le ha medido como si fuese un resultado no intencional del sistema.

Recientemente, el Banco Mundial presentó los resultados del estudio «Midiendo la desigualdad de oportunidades en América Latina y el Caribe», donde se afirma que, durante la década pasada, «el rápido crecimiento y polí­ticas sociales inteligentes» revirtieron la tendencia de pobreza en América Latina.

Ligia Flores
lahora@lahora.com.gt

En el documento se plantea que tal disposición generó que el debate polí­tico y las polí­ticas públicas pasaran del tema de la pobreza a la desigualdad.

Según el informe, ese debate, además de estar inmerso en una intensidad ideológica y emocional, «está equivocado», puesto que «mucho más importante que la desigualdad de resultados entre los adultos, es la desigualdad de oportunidades entre los niños».

La discusión no deberí­a girar en torno a la igualdad de resultados, sino en torno a la equidad -posibilidades iguales para todos-, se afirma.

Clara Arenas, economista, antropóloga y directora ejecutiva de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales (Avancso), fue invitada para comentar el informe, el dí­a de su presentación pública. En su exposición, cuestionó varios de los planteamientos que expone el Banco Mundial, a través de este trabajo.

A continuación un extracto de la conversación.

– Pregunta: Usted considera que el estudio expone la situación de pobreza como una consecuencia no intencional del sistema…

– Respuesta: Lo que traté de decir sobre este punto es que, sobre todo en los últimos años, el pensamiento económico dominante ha estudiado la pobreza de mil maneras.

La mide, pero no la plantea como algo inadmisible, que no deberí­a ser o que nos deberí­a indignar a todos.

La pobreza es vista como natural, que surge como un efecto no intencional del sistema. No hay escándalo por la pobreza, y se ve como algo normal o natural.

En la parte introductoria del estudio se dice que la pobreza se va revirtiendo, pero nadie se escandaliza porque sea una reversión a un ritmo tan lento y frágil.

– P: Guatemala es 80% más desigual que el resto de paí­ses en el mundo -según el texto-. Las cifras comparativas provinieron de fuentes oficiales, ¿cuánto aporte se puede hacer para un análisis crí­tico desde esta perspectiva?

– R: Creo que las cifras oficiales en Guatemala han mejorado, no son tan poco confiables como lo eran en el pasado. Pero cuando hablamos de mejoras tan pequeñas, cualquier error en las cifras nos puede cambiar el resultado.

El tema de las cifras es importante de subrayar, pero considero más importante mostrar que el nivel de mejora no es nada aliciente para decir que ya podemos ponernos a pensar en otras cosas.

El tema de la pobreza sigue siendo un escándalo, y para mí­ deberí­a tratarse de esa forma.

– P: ¿Entonces no coincide con la postura de que ahora es momento de hablar de las desigualdades y oportunidades?

– R: Por qué hablar hasta ahora de las desigualdades y las oportunidades, por qué no se hizo antes, sino ahora que se supone que la pobreza ha decrecido.

Podrí­amos hablar de desigualdades y de redistribuciones, pero sobre esto también hay un «falso debate».

En las últimas décadas se hablaba de redistribución o de crecimiento, pero no de las dos cosas al mismo tiempo, sin embargo, podemos hablar de ambas.

Se ha usado un argumento bastante infantil, ya que se decí­a que si no habí­amos crecido no habí­a nada qué repartir, pero no se trata de «algo qué repartir», sino de estructuras desiguales de distribución, problemas estructurales sobre los cuales se debe trabajar.

– P: ¿Cuál cree que sea la razón por la que se traza la idea de «medir» la desigualdad de oportunidades en la niñez, como algo más importante que la desigualdad de resultados en los adultos?

– R: Se considera que hablar de la desigualdad en los resultados, que serí­a la desigualdad en los ingresos de los adultos de hoy, resulta problemático y conflictivo, ya que las diferentes posiciones polí­ticas nunca se pondrí­an de acuerdo.

Por el contrario, discutir sobre la desigualdad en las oportunidades y de distribución y redistribución de éstas, que se refiere al trabajo con los niños, nadie estará en desacuerdo.

– P: El planteamiento del trabajo dice: si se igualara «el terreno de juego», el éxito de cada persona dependerá de su talento, suerte y las decisiones que tome?

– R: Aquí­ se cuestiona sobre quién es el sujeto del tema de igualdad de oportunidades, porque si lo vemos sólo así­, quiere decir que los procesos históricos y sociales no tienen nada qué ver en cómo el sujeto toma sus decisiones. Se hace una total abstracción de esos procesos.

Resulta ilógico verlo así­, porque es un planteamiento bastante abstracto basado en el individuo. Es decir, que quien tendrá éxito es el individuo talentoso que hace las decisiones correctas -pero preguntémonos cuáles son las decisiones correctas- y que tiene un poco de suerte.

Aquí­ se cuestiona la importancia de lo colectivo, de cómo construir perspectivas colectivas. Las polí­ticas públicas que se relacionen con un planteamiento del estudio tenderí­an a tratar de llegar al individuo, pues no queda claro cómo intentarí­an llegar a la organización social.

«Se ha usado un argumento bastante infantil, ya que se decí­a que si no habí­amos crecido no habí­a nada qué repartir, pero no se trata de «algo qué repartir», sino de estructuras desiguales de distribución, problemas estructurales sobre los cuales se debe trabajar»
«Aquí­ se cuestiona sobre quién es el sujeto del tema de igualdad de oportunidades, porque si lo vemos sólo así­, quiere decir que los procesos históricos y sociales no tienen nada qué ver en cómo el sujeto toma sus decisiones. Se hace una total abstracción de esos procesos»