«La pobreza no es simplemente un problema de privación»


El peruano Eduardo Cáceres forma parte del equipo regional de Oxfam Gran Bretaña para América Latina y el Caribe, es asesor en los temas de gobernabilidad e instituciones democráticas. La semana recién concluida estuvo en el paí­s, en el marco de una serie de presentaciones del libro «De la pobreza al poder».

Ligia Flores
lahora@lahora.com.gt

En una entrevista con este vespertino, el investigador se refirió a la desigualdad en la distribución de la riqueza como una de las causas fundamentales de la pobreza; cuyo planteamiento es el eje central del texto.

El experto también reflexionó sobre el rol protagónico e indiscutible que desempeñan los Estados en las economí­as mundiales cuya intervención y fortalecimiento, a su criterio, a inicios del siglo XXI ha sido indiscutible.

No obstante, advierte que, el argumento sobre el cual debe deliberarse ahora: a favor de quién intervienen los Estados, ¿de los mercados o de la ciudadaní­a?, se pregunta.

Otro de los temas que expuso, es la necesidad de una reforma tributaria profunda, como uno de los aspectos fundamentales, para lograr que los Estados sean eficaces y puedan cumplir con las necesidades mí­nimas de la ciudadaní­a.

A continuación un extracto de la conversación con el experto.

-Diario La Hora: ¿Cuáles son las causas fundamentales de la pobreza que se plantean en el libro?

-Eduardo Cáceres: La pobreza no es simplemente un problema de privación, sino, en primer lugar, un problema de vulneración de los derechos; la más grave violación masiva de los derechos humanos.

Este complejo fenómeno al que llamamos pobreza está vinculado con asuntos estructurales, en primer lugar y esa es una de las ideas fuertes del libro: la pobreza está profundamente vinculada, hasta el punto que podrí­a decirse que es consecuencia de la desigualdad.

Hay pobreza en el mundo, no por falta de bienes; la gente se muere de hambre y no porque no haya alimentos, ya que el mundo logró una suficiencia alimentaria. La gente se muere de hambre y de epidemias porque los alimentos, las medicinas están mal distribuidas; porque una serie de bienes están mal distribuidos.

-DLH: Uno de los enunciados básicos del texto es que la pobreza puede superarse a través de la intervención de un Estado eficiente. En el contexto actual de la crisis financiera y económica, ¿puede hablarse de Estados fortalecidos y eficientes?

-EC: Nosotros insistimos en dos términos: una ciudadaní­a activa, consciente, demandando, actuando y estados efectivos y eficientes que cumplen su papel.

Justamente la crisis en la que estamos ha cambiado, ha acelerado los cambios; porque hasta hace algunos años era una tremenda herejí­a hablar del Estado como un actor importante. Esto comenzó a cambiar en la primera década del siglo XXI.

Con la crisis, el cambio en los términos de debate es irreversible. Creo que nadie en los grandes campos de producción, académicos o grandes actores polí­ticos del mundo, ninguno cuestiona que el Estado deba cumplir un rol en los temas económicos, eso está fuera de discusión. Lo que está en discusión hoy y que es sumamente importante es, a favor de quién interviene el Estado, ¿de los bancos o de la gente?

Entonces se requiere una ciudadaní­a activa para empujar y que esa intervención no sea a favor de los grandes capitalistas, que, además, son los culpables de la crisis, porque esta no la generó ni el clima, ni grupos terroristas, ni la protesta de los paí­ses del tercer mundo, ni un boicot petrolero.

La generó extensivamente la codicia, especulación y los desfalcos que se producen en los años en que los Estados desarrollados desregulan la economí­a partir de la ideas de que hay que replegar el Estado y que el mercado se regule solo.

-DLH: En este contexto de crisis que se vive en el mundo ¿A favor de quién están interviniendo los estados?

-EC: La crisis está acelerando una recomposición del poder en el mundo y está llevando a un protagonismo mayor a potencias emergentes como Brasil, Rusia, India y China, que ya se han visto con un rol importante en el grupo de los 20.

En el tema de la intervención del Estado lo que se está notando en estos paí­ses, incluso en Rusia que habí­a avanzado en una liberación exagerada y muy perjudicial para la sociedad, y que ahora está buscando cómo restablecer la capacidad del mercado para gestionar recursos.

Pero más interesante es el caso de los chinos, porque ellos a inicio del año pasado lanzaron un enorme paquete de desarrollo al mercado interno (apoyo a la pequeña producción agrí­cola, construcción de carreteras), en hipótesis de que los mercados internacionales podí­an caerse, cosa que está sucediendo.

En América Latina estamos viendo que hay Estados que, más allá de los gobernantes y las orientaciones polí­ticas del uno o del otro, están haciendo de la crisis una oportunidad para fortalecerse y para cubrir a los sectores más vulnerables.

Estos paquetes tienen un sentido más social y una preocupación más redistributiva, que no siempre lleva a cubrir las pérdidas por la crisis, pero las amortigua.

-DLH: En el caso de Guatemala y de otros paí­ses Centroamericanos se habla de una reorientación de los presupuestos, que básicamente se debe a la reducción de los ingresos tributarios ¿cómo afecta esta situación al desempeño eficiente de los Estados?

-EC: En términos generales Guatemala posee una de las economí­as más desarrolladas de la región, sin embargo, no deja de ser muy vulnerable a los factores externos.

Viendo unas cifras me llaman la atención las balanzas comerciales de los paí­ses centroamericanos son deficitarias y eso está compensado con las remesas, sin embargo, eso las hace muy sensibles, también por las exportaciones.

Estas situaciones conllevan a restricciones, y esto saca a la luz un problema que es común a toda América Latina: el tema de la estructura fiscal y el de la tributación. La mayorí­a de los paí­ses de América Latina tiene una carga tributaria alrededor del 15% del Producto Interno (PI); no se puede hacer un Estado eficiente con esa presión tributaria.

Me atreverí­a a decir que, en general, hacer un Estado efectivo, con una presión tributaria igual o menor al 15%, es una quimera.

No se trata de transformarnos en estados escandinavos, con cargas tributarias arriba del 50%, pero no veo cómo podrí­a ser factible que el Estado asuma mí­nimamente el conjunto de sus compromisos con la sociedad sin una presión tributaria que no represente el tercio del PI, porque es la mejor forma de potenciarlo.

Además de incrementar la carga tributaria sobre el 15% del PI, se deben mejorar los mecanismos.

Lo poco que se recoge, se hace mal, porque se hace a través de impuestos indirectos que gravan por igual a toda la población y que para los pobres se constituyen en una pesada carga. Hay que acabar con las excepciones tributarias que normalmente favorecen a grupos empresariales y sectores económicos.

Los estados requieren de reformas tributarias profundas.

-DLH: En Guatemala la implementación de una reforma fiscal ha encontrado oposición de sectores empresariales que, por un lado exigen un Estado fuerte que les proteja, empero, están renuentes al fortalecimiento del mismo a través del incremento de los tributos ¿qué lectura se hace de este comportamiento?

-EC: Hay una contradicción. Esperarí­a que la propia experiencia lleve a la elite latinoamericana a modificar su percepción sobre el problema y que lo acepte por su propio bien.

A nadie le conviene la situación en la que estamos en los paí­ses con esos Estados precarios y menos a la elite que tiene intereses grandes y a largo plazo.

Este es un propio planteamiento del Fondo Monetario Internacional, porque la situación fiscal en nuestros paí­ses no aguanta.

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CíLCULOS

Distribución de la riqueza

Para satisfacer las necesidades materiales de los pobres extremos en el mundo se necesitarí­an US $300 mil millones anuales, cuya cantidad es apenas un tercio del gasto mundial estatal en armas (mil millones).

Estos US $300 mil millones representan menos de la mitad del costo del primer paquete de rescate financiero que el gobierno norteamericano destinó para el rescate de los bancos; es decir que, con menos de la mitad de ese paquete se hubiese podido satisfacer las necesidades materiales de mil millones de personas que viven en la pobreza extrema.

De los 500 billonarios en el mundo, hay gente que tiene activos por más de mil millones de dólares y ellos reciben anualmente ingresos similares a los que reciben 480 millones de personas pobres en el mundo; en una balanza se tendrí­a a unas 500 personas y del otro casi 500 millones; ambos pesan lo mismo, pero hay casi un millonario por cada millón de personas pobres.

Lo que una familia de clase media alta gana en seguridad, choferes, colegios privados, cercos, vacaciones fuera del paí­s, tratamientos médicos y eventualmente algún secuestro, si lo tributase al Estado y se transformase en una seguridad equitativa para todos, serí­a un gran ahorro. Esto representa más del 30% de los ingresos de una familia de clase media alta.

«Lo que está en discusión hoy y que es sumamente importante es, a favor de quién interviene el Estado, ¿de los bancos o de la gente?»
«La crisis está acelerando una recomposición del poder en el mundo y está llevando a un protagonismo mayor a potencias emergentes»
«En América Latina estamos viendo que hay Estados que, más allá de los gobernantes y las orientaciones polí­ticas del uno o del otro, están haciendo de la crisis una oportunidad para fortalecerse y para cubrir a los sectores más vulnerables».