Siempre pensé que el Gobierno pasado, tuvo como único mérito lo que a la postre terminó siendo su peor debilidad y ello fue, el poner sobre la mesa el tema de la pobreza en nuestro país y la necesidad que se tiene de políticas integrales que nos permitan romper los ciclos de pobreza a los que están sujetos muchas familias.
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Y digo que fue a la vez su peor debilidad, porque una vez tocado el tema, el Gobierno anterior en lugar de utilizar esa cantidad de millones de quetzales para enfrentar el mal con herramientas que además de paliativos del momento fueran armas sostenibles para el futuro, decidieron centrar la lucha en armar una candidatura ilegal y fallida.
Hay crímenes de crímenes y todos son condenables, pero haber utilizado la pobreza para robar es uno de lesa humanidad. Imagínese usted cómo estaremos de mal que ahora, quien se rasga las vestiduras por los más pobres es la misma que los utilizó para asegurar su estabilidad financiera y para intentar cumplir una obsesión.
No podemos olvidar la forma tan poco transparente con la que se manejaron los programas en el Gobierno cuya cabeza formal era Álvaro Colom, pero que en realidad era liderado por su ahora exesposa y esa falta de transparencia, sumada a la debilidad de nuestras instituciones, permitió que se dilapidaran los recursos, como en todos los gobiernos, solo que con el rostro de la pobreza como excusa.
Y ahora resulta que siguen las desfachateces que nosotros como guatemaltecos hemos tolerado. Aquí, quienes pedían transparencia ahora no la dan y quienes no la dieron nunca en cuatro años, tienen los atributos de salir a exigirla por el bien de unos pobres, que ellos mismos utilizaron y traicionaron durante todo un período de Gobierno.
Siempre he pensado que en Guatemala no se acabaría, pero sí disminuiría la corrupción el día en que se logren sentar precedentes en el sentido que, quienes teniendo influencias y poder, sean funcionarios o contratistas del Estado, enfrenten todo el rigor de la ley y puedan ser encarcelados por sus acciones.
Y justo cuando eso empezaba a ocurrir y quien manejó a su marido y al país, sintió pasos de animal grande una vez el proceso en su contra avanzó y se le decretó arraigo, surgió una Corte de Constitucionalidad que hace unos meses no logró hacer el trabajo encomendado, pero en esta ocasión sí fueron diligentes para devolver un poco de tranquilidad a la exprimera dama.
Entiendo que en Guatemala se pide justicia solo para algunos que no son del círculo, el resto solo hace “negocios” y se les reconoce, en lugar de criticar, su habilidad para no dejar huella alguna, pero en este caso, no es por su clase ni condición, es porque en Guatemala debemos dar un hasta aquí contra el robo y contra la manipulación de las necesidades del país y su gente.
No podemos volver a cometer el error de creer que saliendo del gobierno anterior la corrupción desaparece. Al contrario, ahora volvieron a llegar algunos sofisticados técnicos que siempre se las ingenian para no dejar huella, sumado a la evidente falta de voluntad política que ha mostrado el oficialismo en el tema de la transparencia, así que hasta no ver cambios reales, podemos predecir que todo seguirá igual.
Pero no por ello, debemos olvidar a quienes se robaron el dinero en nombre de la pobreza mientras estaban en el poder. Y una vez más, tenemos lo que tenemos porque como sociedad es el camino que hemos elegido y hasta que no empecemos a asumir nuestro papel, no podemos pretender que aparezca la transparencia, que a mi juicio, es el único motor del cambio y pilar para un verdadero desarrollo de nuestra Guatemala.