La pérdida silenciosa de la emigración (II)


Dentro de la población emigrante guatemalteca existe un grupo que se desplaza silenciosamente hacia el exterior de manera creciente y alarmante, este contingente de personas egresado de las universidades y que también sale de nuestro paí­s en busca de mejores oportunidades, hasta ahora no ha sido foco de atención, es decir, ha pasado desapercibido o ninguna importancia se le ha dado hasta la fecha. A causa de que en Guatemala aún no tenemos estudios que cualifiquen y estratifiquen a nuestra comunidad radicada en el exterior, no tenemos un diagnóstico preciso de la pérdida que representa para el paí­s la hemorragia de talentos que estamos padeciendo, por supuesto que si nuestra nación sigue experimentando esa fuga de cerebros, continuará debilitándose, convirtiéndonos en una sociedad menos competitiva y, por lo tanto, con menos herramientas para combatir la pobreza. Y créame estimado lector que no estoy exagerando, hace poco tiempo la encuesta de un matutino arrojó una evidencia verdaderamente preocupante. Tres cuartas partes de nuestra población universitaria tení­a como meta al graduarse, emigrar a un paí­s desarrollado. En este asunto tampoco hay que olvidar que el costo de la preparación de ese ser humano es nuestra sociedad la que lo está asumiendo, esto mientras otra recibe el beneficio del «producto terminado».

Guillermo Wilhelm

Algunos paí­ses ya empezaron a reaccionar a la pérdida de sus profesionales, el gobierno argentino por ejemplo, desde hace aproximadamente cuatro años puso en marcha su programa «Raí­ces» con el propósito de contactar a sus técnicos y cientí­ficos en el exterior. Otro caso es el de Uruguay que tiene un portal en Internet llamado «Departamento 20», este ha resultado una herramienta muy valiosa para localizar a una buena parte de una legión de 650 mil uruguayos radicados en el extranjero. El caso que más me agrada citar es el mexicano, y es porque este paí­s es el que más atención le ha puesto al fenómeno de la emigración. Por eso es que México atiende de manera muy puntual cada aspecto especí­fico derivado del problema migratorio. El Instituto de los Mexicanos en el Exterior tiene la estrategia de mantener representantes distribuidos a lo largo y ancho de Estados Unidos para conocer a sus investigadores, cientí­ficos y empresarios e invitarlos a abogar por el desarrollo de su paí­s desde sus puestos de trabajo. Esta institución ha creado un «Programa de Jornadas Informativas» para identificar potenciales técnicos y cientí­ficos mexicanos para que apoyen a su nación de origen. De esta manera han logrado crear una red de talentos en el exterior que tiene como lema principal, «Profesionales en el Exterior Apoyando a México». Por supuesto que esta es solamente una de las respuestas a este problema, pues muchos de nuestros profesionales también emigran porque no tienen el apoyo para seguir desarrollándose intelectualmente, y para atacar esta razón se requiere que nuestras universidades desarrollen más programas de postgrado para nuestros jóvenes profesionales. También con la finalidad de mantener en el paí­s a nuestros muchachos, las universidades deberí­an de tratar de tener instalaciones más adecuadas.

No dudo que en Guatemala la fuga de cerebros se ha constituido en un riesgo en la medida que nuestro paí­s ha dejado de ser atractivo a causa de diversos factores como la violencia, la falta de oportunidades económicas y de especialización; pues el panorama nacional se agrava cuando nuestro talento más calificado emigra a tasas elevadas y todos se quieren ir pero no llega nadie con cualidades intelectuales para quedarse. Esto definitivamente refleja los profundos y significativos problemas que padece nuestro paí­s, que es rico en recursos pero sin lugar a dudas ha sido el recurso humano el que más hemos descuidado.