La pérdida silenciosa de la emigración (I)


En Guatemala como en otros paí­ses que expulsan población, se ha hecho énfasis en los grupos emigrantes mayoritarios, estos pertenecen a estratos medios y bajos de nuestras sociedades. En nuestro caso, por ejemplo, desde los años noventa, se ha convertido en algo usual encontrarse en las calles de cualquier ciudad norteamericana a personas oriundas de zonas rurales guatemaltecas, estos conglomerados se han caracterizado en los últimos años por desplazarse en grandes contingentes hacia el exterior.

Guillermo Wilhelm

Sin embargo, hay un grupo emigrante silencioso al cual poca o ninguna importancia se le ha dado. Este conjunto de personas, no muy nuevo por cierto pero que últimamente se está masificando significativamente, es un grupo derivado de nuestras aulas universitarias, que después de grandes sacrificios tanto de ellos como de sus padres y que al encontrarse principalmente con un maltrecho mercado laboral interno, o a falta de no recibir apoyo para seguir desarrollándose intelectualmente, han decidido convencidos, probar suerte fuera de nuestras fronteras. Indiscutiblemente que ésta resulta ser una pérdida muy importante para naciones como la nuestra, dado a que si nuestros paí­ses pierden su recurso humano de alto entrenamiento, se debilitan y se vuelven menos competitivas y por lo tanto se reducen las herramientas para luchar contra la pobreza. Además, ese talento humano que perdemos lo ganan otros paí­ses, que al contrario de nosotros se fortalecen.

Hasta ahora la población emigrante intelectual casi no ha sido mencionada, mucho menos diagnosticada como una hemorragia de materia gris que padecen paí­ses como Guatemala. Por eso es que no existen polí­ticas públicas dirigidas a esa población de alto nivel residente en el exterior. De manera contraria a nosotros, por estar conscientes de la importancia que representa para un paí­s su recurso más valioso, Botswana por ejemplo, un paí­s cercano a Sudáfrica y que durante dos décadas ha tenido un crecimiento anual entre un 7 a 8 % y que es el paí­s de mayor crecimiento después de China e India, por ser la educación su polí­tica pública más importante les resulta fundamental saber dónde están todos esos jóvenes graduados y por supuesto, todas aquellas personas que han continuado desarrollando un nivel académico y tecnológico fuera del paí­s. Es admirable observar, cómo su equivalente a nuestros Ministerios de Educación y Relaciones Exteriores llevan un control sobre cuántos muchachos están estudiando afuera, qué están estudiando y los que volvieron o no, dónde están localizados y qué están haciendo. De esta manera les ha resultado fácil canalizar a estas personas al esfuerzo del desarrollo nacional. Hace algunas semanas tuve el gusto de conversar con Mike Ibarra, viceministro de Relaciones Exteriores encargado del tema del migrante, le sugerí­a aprovechar la logí­stica de los consulados móviles, pues hasta ahora éstos se han limitado a la documentación y este esfuerzo e inversión deberí­a también utilizarse para levantar censos demográficos y de esta manera poder identificar las caracterí­sticas y potencialidades de una buena parte de nuestra comunidad emigrada. Por supuesto que esto serí­a únicamente una de las acciones de un programa que planee revertir los efectos de la fuga de cerebros que se está dando en nuestro paí­s, y de esa manera reconvertir el concepto de éste éxodo en uno de circulación de cerebros que traslade a Guatemala todos los adelantos académicos y tecnológicos que estas personas han capturado en el exterior. En mi próxima entrega estaré comentando la manera en que algunos paí­ses del hemisferio han reaccionado a la pérdida de sus profesionales.