Debemos elogiar la acción que tomó el actual presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, de comunicarse inmediatamente con los mandatarios en el Medio Oriente, porque uno de los fines más importantes para el presidente Obama es «buscar activamente la paz», lo cual no ha sido ni será nada fácil; pero leyendo una máxima de la Madre Teresa de Calcuta, nos damos cuenta de que sí puede ser posible: «El ayer se fue, el mañana no ha llegado aún, sólo nos queda hoy, comencemos.» Y para comenzar, todas las personas que vivimos en este planeta debemos también entender la siguiente sentencia de Monseñor Juan Gerardi, y ayudar cada día con nuestra afanosa actitud a que sea efectiva: «La paz es un don y una gracia de Dios, pero hay que saber cimentarla, y esto sólo es posible si lo hacemos en la verdad y la justicia. Es posible la paz, una paz que nace de la verdad de cada uno y de todos: Verdad dolorosa, memoria de las llagas profundas y sangrientas del país (y del mundo); verdad personificante y liberadora que posibilita que todo hombre y mujer se encuentre consigo mismo y asuma su historia; verdad que a todos nos desafía para que reconozcamos la responsabilidad individual y colectiva y nos comprometamos a que esos abominables hechos no vuelvan a repetirse.» La humanidad debe tomar ejemplo del trabajo realizado en Guatemala por Monseñor Gerardi, especialmente los involucrados en la terrible situación que se ha dado en la Franja de Gaza. Los seres humanos de hoy pareciera que estamos perdidos: ya no existe bondad, piedad ni perdón, solamente guerras, venganzas y odio. Es muy cierto que la justicia y la venganza persiguen al crimen, pero hay momentos y situaciones tan terribles y peligrosas que las personas debieran dominar sus sentimientos, su propio dolor, y a veces sus creencias para contener el odio que sienten hacia otros seres humanos que de una u otra forma han provocado su ira, maledicencia o actitudes irresponsables que han conducido a la guerra. Para someter ese odio habría que enfrentar las razones de fondo de esas personas que han hecho daño, y ver ese sufrimiento de los semejantes considerados enemigos, para así ayudar a disminuirlo en beneficio de todos los vivientes en este planeta. Hay que pensar que durante una guerra, y luego, vienen la destrucción, la desgracia y la miseria, y la vida se convierte en una tragedia diaria porque no hay alimentos, agua, electricidad, combustible, medicamentos, ropa, trabajo y muchas otras cosas esenciales para los que con suerte logran sobrevivir. Las generaciones actuales deben comprender y decir no a la guerra: los jóvenes de hoy deben tomar conciencia, ser generosos, estar dispuestos a levantar la voz para evitar la destrucción de la humanidad, con todo lo que se ha logrado, y mantener, acrecentar y proteger un medio ambiente sano. El amor, el deseo de paz, deben de ser reales y genuinos; deben costar, deben doler, deben vaciarnos de nosotros mismos, porque como lo ha dicho el filósofo chino Lu Ki «El bien y el mal entremezclados viven.» En sus pensamientos diarios la Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz 1979, apunta lo siguiente como un reto: «No usemos bombas ni armas para dominar el mundo; usemos el amor y la compasión. La paz comienza con una sonrisa. Sonriamos cinco veces al día a una persona a quien en realidad no queremos sonreír. Hagámoslo por la paz. Irradiemos la paz de Dios, irradiemos su Luz, extingamos el odio, no siempre es fácil. Hay mucho sufrimiento en el mundo, demasiado. Tengamos el valor de aceptarnos unos a otros como somos. Todo acto positivo por pequeño que sea puede llevarnos a alcanzar la paz.»