La patria está de duelo


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“La espada y la cruz marchaban juntas en la conquista y en el despojo colonial.” (Eduardo Galeano. 1971.)

La lucha por la independencia y la libertad emprendida por los próceres en 1821, logró romper la cadena de la opresión y del injusto e inhumano modelo colonial que en aquellos días nos eslabonaba al entonces imperio español.

Factor Méndez Doninelli


Como es sabido, los invasores de ultramar, mediante el uso de la fuerza bruta, cometieron etnocidio y genocidio, masacraron a los pueblos originarios y los despojaron de sus tierras y recursos naturales, además, a sangre y fuego impusieron la religión, el idioma, los usos y las costumbres occidentales. Como viles rateros, saquearon a los países de sus riquezas, en particular, se llevaron los metales preciosos, oro y plata que fueron a parar a manos de los monarcas europeos para engordar sus arcas imperiales. Hoy, muchos de los países ricos y desarrollados de la moderna Europa capitalista, tienen ese nivel por la usurpación sangrienta que hicieron para apropiarse de las riquezas de nuestros pueblos.
    
El escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América Latina”, describe con precisión y abundantes detalles, todas las atrocidades y latrocinios cometidos por los europeos, así como la ambición de los saqueadores por las riquezas encontradas en el Nuevo Mundo. Cuando se refiere al esplendor del Potosí, escribe: “Dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en la época del auge de la ciudad de Potosí. De plata eran los altares de las iglesias y las alas de los querubines en las procesiones”.
    
Para dar idea del valioso botín usurpado, agrega, “Entre 1503 y 1660, llegaron al puerto de San Lúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata. La plata transportada a España en poco más de un siglo y medio, excedía tres veces el total de las reservas europeas. Y hay que tener en  cuenta que estas cifras oficiales se quedan cortas. Los metales arrebatados a los nuevos dominios coloniales estimularon el desarrollo económico europeo y hasta puede decirse que lo hicieron posible”. Tal fue la acción depredadora de los invasores.
    
En la actualidad a 192 años de distancia luego de haber conquistado la independencia y librarnos del yugo español, otros son los modernos hackers, los descendientes de los usurpadores y saqueadores, los neocolonialistas endógenos y exógenos, los dueños de la finca, las élites de oligarcas locales y extranjeras que continúan el saqueo, las masacres y el despojo forzado de lo poco que va quedando de riqueza, en especial de los recursos naturales no renovables, mediante la explotación de metales preciosos y minerales extraídos del rico subsuelo americano.

Hoy en Guatemala y en nombre del desarrollo, los oligarcas y sus lacayos militares continúan arrasando  y usurpando tierras para construir hidroeléctricas y para extender la frontera agrícola promoviendo el monocultivo de caña de azúcar y palma africana, no para combatir la mortalidad infantil por la desnutrición crónica existente, tampoco para aliviar el hambre de la población excluida, sino para producir biocombustibles y engordar sus bolsillos haciendo pingües negocios con la entrega del territorio.

La Patria está de duelo, los dueños de la finca siguen provocando muertes y sembrando el terror, continúa la represión y las masacres disfrazadas, la más reciente ocurrida el 8 de septiembre en la comunidad de San José Nacahuil, en San Pedro Ayampuc, donde la población se opone a la actividad minera en su territorio, mientras tanto, se perpetúa la complacencia del actual Gobierno oligárquico militar con las empresas transnacionales que se empeñan en exprimir hasta la última gota de la riqueza nacional. 

Con razón en el siglo pasado, Fidel Castro proclamó que, “los pueblos siguen luchando por su segunda y definitiva independencia”.