La otra violencia de Guatemala


«Es más que un crimen, es una equivocación»

Fouché

 

La crónica de una injusticia circula por las páginas de internet, se cuenta a través de los teléfonos tradicionales  y de  los nuevos celulares, se comenta en las reuniones, se lee en los diarios. Con seguridad,  por lo insólito, pasará a  ser tema de los cursos universitarios.

Edith González

Y por supuesto ha dado la vuelta al mundo colocándonos ahora  en el sitio del paí­s en donde los jueces además de ser acusados de complicidad con los reos del narcotráfico emiten condenas  pese a escuchar  declaraciones  exculpatorias.

Puesto que el señor Mardo Escobar,   que acusó de plagio a Raúl Figueroa Sarti por la publicación de una fotografí­a  en un libro publicado por su editorial, «reconoció  que hubo un acuerdo verbal,»  para tal hecho.

Lo que no importó a la hora de la condena, puesto que se impuso el pago de 50 mil quetzales,  un año de cárcel conmutable a razón de veinticinco quetzales diarios y el pago de costas procesales.

Cuando crecí­, mi padre me enseñó que la palabra de una persona es su máximo valor, pues si nos pierden la credibilidad en la palabra dada,  significa que hemos perdido el honor y con él la dignidad.

Me pregunto  que  pudo pasar por la mente de las juezas, Rosa Marí­a López Yumán (Presidenta), Magda Elizabeth Pérez Arana (Vocal) y el juez José Gilberto Castro Linares, quienes integraron el Tribunal de Sentencia, al emitir  un fallo condenatorio contra Raúl Figueroa Sarti, representante de la casa editorial F&G Editores.

Pese a que Mardo Arturo Escobar reconoció que habí­a entregado voluntariamente a Raúl Figueroa Sarti, una fotografí­a y que le habí­a otorgado permiso verbal para usarla en una publicación.

Se comenta  que ese Mardo Escobar querí­a aprovecharse del prestigio y del trabajo honrado que ha realizado don Raúl Figueroa a lo largo de muchos años, lo  que por supuesto logró con aprobación de  López Yumán, Pérez Arana y Castro Linares, quienes decidieron favorecer a un colega. Puesto que Escobar trabaja en el Juzgado Cuarto de Sentencia Penal, en la Torre de Tribunales y por lo tanto, es compañero de labores de jueces, oficiales y magistrados, logrando amarrar ví­nculos, al mejor estilo de los grupos paralelos que funcionan en el sistema de justicia, que una vez más ha demostrado su podredumbre.

Don Raúl finiquitará la situación a costa del dinero de su esfuerzo y continuará, ahora con mayor cuidado, con su pasión de editor, Escobar disfrutará del dinero mal habido pero el sistema de justicia en Guatemala tardará mucho más en poder  levantarse y no bastará que las  leyes estén escritas, porque  los guatemaltecos sabemos que  no se aplican con justicia, llevándonos a vivir en una situación de mayor desconfianza  al no saber  a ciencia cierta  quién  está contra mí­.