La OMC se juega la semana próxima siete años de intensas negociaciones


Peter Mandelson, comisionado europeo y representante de la UE ante la OMC. El bloque europeo podrí­a quedar bastante afectado si se concretan las exigencias en cuanto a sus polí­ticas arancelarias y subsidiarias.

Los 152 paí­ses miembros de la OMC se reunirán desde el lunes próximo en Ginebra en un último esfuerzo para concluir las negociaciones de liberalización del comercio mundial, pero si fracasan corren el riesgo de enterrar definitivamente casi siete años de intensas discusiones.


Susan Schwab, negociadora de Estados Unidos, será la representante de su paí­s en la OMC.

Una treintena de ministros convocados a Ginebra a iniciativa del director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, buscarán lograr desde el lunes un acuerdo histórico entre Norte y Sur para abrir el comercio agrí­cola y de productos industriales.

Las negociaciones de la Ronda de Doha, lanzadas en 2001 en la capital de Qatar, tienen por objetivo derribar las barreras del comercio mundial, sobre todo a través de la reducción de los subsidios agrí­colas de los paí­ses ricos, que distorsionan los precios mundiales y afectan la producción de los paí­ses pobres.

En contrapartida, los paí­ses desarrollados piden a los paí­ses del Sur una mayor apertura de sus fronteras a los bienes manufacturados.

«Pascal Lamy sabe que probablemente ésta sea la última oportunidad de llegar a un acuerdo», comentó David Hartridge, ex director adjunto de la OMC.

«Todos los detalles del acuerdo son conocidos. Ya no se trata de una discusión técnica. La cuestión es saber si los gobiernos están dispuestos a actuar ahora en el plano polí­tico», añadió.

En julio de 2007, los mediadores de la OMC presentaron sus proyectos de acuerdo sobre dos capí­tulos claves de la Ronda: la agricultura y los productos industriales. Estos textos fueron revisados tres veces, y su última versión fue publicada la semana pasada.

Para que la conferencia ministerial sea calificada de exitosa, los ministros deberán ponerse de acuerdo sobre las «modalidades» de la negociación, es decir, los porcentajes precisos de reducción de las tarifas aduaneras sobre los productos agrí­colas e industriales y la disminución de los subsidios agrí­colas.

En caso de éxito, tendrán hasta fin de año para intercambiar sus «listas de compromiso» que detallan las concesiones ofrecidas, producto por producto.

La jornada del jueves será consagrada a los servicios (telecomunicaciones, banca), lo cual permitirá a los paí­ses concernidos «señalar» los sectores en los cuales estarí­an dispuestos a una mayor apertura a la competencia extranjera.

Otros capí­tulos enteros de la negociación como el medio ambiente o las reglas comerciales serí­an acordados antes de fin de año.

Los riesgos de un fracaso parecen importantes, ya que la negociación ha sufrido varios golpes en siete años. Según el calendario adoptado en Doha en 2001, los trabajos deberí­an haber culminado en 2004.

Estados Unidos complicó las negociaciones al adoptar recientemente una ley agrí­cola que otorga 290 mil millones de dólares a los agricultores, un monto sin precedentes, pese al veto del presidente George W. Bush.

Los paí­ses del Mercosur calificaron los últimos textos de la OMC de «insuficientes e imprecisos», según los términos del ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim.

La Unión Europea destacó por su lado las «importantes brechas que quedan por salvar».

Incluso en el seno de la propia UE, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, desenterró el hacha de guerra al criticar abiertamente al comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, que negocia en nombre de los 27, y a Pascal Lamy.

El conflicto entre Francia y la UE, que surge a cada momento clave de las discusiones, «es tí­pico del final de una negociación, es casi una buena señal», sostuvo no obstante el economista Patrick Messerlin, profesor de Ciencia Polí­tica.

Frente a los paí­ses emergentes, considerados como ganadores potenciales de un acuerdo, Sarkozy también abrió fuego.

«Brasil no ha hecho ningún esfuerzo sobre la reducción de barreras tarifarias en la industria», acusó, al tiempo que criticó «el cierre del mercado chino».

Un Consejo Europeo que reúne a los 27 ministros de Comercio se reunirá en permanencia bajo presidencia francesa durante la reunión de la OMC en Ginebra – cuya fecha de finalización no ha sido fijada – para supervisar el trabajo de Mandelson.

Principales puntos


LOS SUBSIDIOS AGRíCOLAS

El proyecto de acuerdo prevé que los paí­ses ricos reduzcan sus subsidios, que según los paí­ses del Sur distorsionan las cotizaciones mundiales y penalizan a sus agricultores.

Quienes otorgan más subsidios harán los mayores esfuerzos: la UE debe reducir los suyos entre 75% y 85%. Los subsidios de Japón y Estados Unidos serán reducidos entre 66% y 73%. Los demás paí­ses desarrollados deberán reducir sus subsidios entre 50% y 60%.

LOS ARANCELES AGRíCOLAS

Los grandes exportadores agrí­colas como Estados Unidos y Brasil reclaman una rebaja de los aranceles aduaneros aplicados por potencias como la UE y Japón. El proyecto de Falconer estipula que los aranceles más elevados bajen más, ya que el objetivo es lograr una rebaja de 54% en promedio para los paí­ses desarrollados.

Para los paí­ses en desarrollo, la baja promedio no superará el 36%. Los paí­ses menos avanzados no deberán hacer ninguna concesión.

LOS PRODUCTOS INDUSTRIALES

A cambio de concesiones en materia agrí­cola, los paí­ses ricos exigen a los del Sur que abran más su mercado a los productos industriales. Se sugiere que una treintena de paí­ses emergentes reduzcan sus aranceles según un coeficiente comprendido entre 19 y 26. Los paí­ses emergentes podrán definir hasta un 14% de productos sensibles según el coeficiente elegido. Un mecanismo impedirí­a a un paí­s albergar a todo un sector de las bajas tarifarias.

LOS SERVICIOS

En respuesta a una demanda de los paí­ses ricos, está prevista una conferencia de un dí­a durante la semana para permitir a los paí­ses concernidos «señalar» cuáles son los sectores (telecomunicaciones, servicios, finanzas) que están dispuestos a abrir más a la competencia extranjera.