Los 152 países miembros de la OMC se reunirán desde el lunes próximo en Ginebra en un último esfuerzo para concluir las negociaciones de liberalización del comercio mundial, pero si fracasan corren el riesgo de enterrar definitivamente casi siete años de intensas discusiones.

Una treintena de ministros convocados a Ginebra a iniciativa del director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, buscarán lograr desde el lunes un acuerdo histórico entre Norte y Sur para abrir el comercio agrícola y de productos industriales.
Las negociaciones de la Ronda de Doha, lanzadas en 2001 en la capital de Qatar, tienen por objetivo derribar las barreras del comercio mundial, sobre todo a través de la reducción de los subsidios agrícolas de los países ricos, que distorsionan los precios mundiales y afectan la producción de los países pobres.
En contrapartida, los países desarrollados piden a los países del Sur una mayor apertura de sus fronteras a los bienes manufacturados.
«Pascal Lamy sabe que probablemente ésta sea la última oportunidad de llegar a un acuerdo», comentó David Hartridge, ex director adjunto de la OMC.
«Todos los detalles del acuerdo son conocidos. Ya no se trata de una discusión técnica. La cuestión es saber si los gobiernos están dispuestos a actuar ahora en el plano político», añadió.
En julio de 2007, los mediadores de la OMC presentaron sus proyectos de acuerdo sobre dos capítulos claves de la Ronda: la agricultura y los productos industriales. Estos textos fueron revisados tres veces, y su última versión fue publicada la semana pasada.
Para que la conferencia ministerial sea calificada de exitosa, los ministros deberán ponerse de acuerdo sobre las «modalidades» de la negociación, es decir, los porcentajes precisos de reducción de las tarifas aduaneras sobre los productos agrícolas e industriales y la disminución de los subsidios agrícolas.
En caso de éxito, tendrán hasta fin de año para intercambiar sus «listas de compromiso» que detallan las concesiones ofrecidas, producto por producto.
La jornada del jueves será consagrada a los servicios (telecomunicaciones, banca), lo cual permitirá a los países concernidos «señalar» los sectores en los cuales estarían dispuestos a una mayor apertura a la competencia extranjera.
Otros capítulos enteros de la negociación como el medio ambiente o las reglas comerciales serían acordados antes de fin de año.
Los riesgos de un fracaso parecen importantes, ya que la negociación ha sufrido varios golpes en siete años. Según el calendario adoptado en Doha en 2001, los trabajos deberían haber culminado en 2004.
Estados Unidos complicó las negociaciones al adoptar recientemente una ley agrícola que otorga 290 mil millones de dólares a los agricultores, un monto sin precedentes, pese al veto del presidente George W. Bush.
Los países del Mercosur calificaron los últimos textos de la OMC de «insuficientes e imprecisos», según los términos del ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim.
La Unión Europea destacó por su lado las «importantes brechas que quedan por salvar».
Incluso en el seno de la propia UE, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, desenterró el hacha de guerra al criticar abiertamente al comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, que negocia en nombre de los 27, y a Pascal Lamy.
El conflicto entre Francia y la UE, que surge a cada momento clave de las discusiones, «es típico del final de una negociación, es casi una buena señal», sostuvo no obstante el economista Patrick Messerlin, profesor de Ciencia Política.
Frente a los países emergentes, considerados como ganadores potenciales de un acuerdo, Sarkozy también abrió fuego.
«Brasil no ha hecho ningún esfuerzo sobre la reducción de barreras tarifarias en la industria», acusó, al tiempo que criticó «el cierre del mercado chino».
Un Consejo Europeo que reúne a los 27 ministros de Comercio se reunirá en permanencia bajo presidencia francesa durante la reunión de la OMC en Ginebra – cuya fecha de finalización no ha sido fijada – para supervisar el trabajo de Mandelson.
LOS SUBSIDIOS AGRíCOLAS
El proyecto de acuerdo prevé que los países ricos reduzcan sus subsidios, que según los países del Sur distorsionan las cotizaciones mundiales y penalizan a sus agricultores.
Quienes otorgan más subsidios harán los mayores esfuerzos: la UE debe reducir los suyos entre 75% y 85%. Los subsidios de Japón y Estados Unidos serán reducidos entre 66% y 73%. Los demás países desarrollados deberán reducir sus subsidios entre 50% y 60%.
LOS ARANCELES AGRíCOLAS
Los grandes exportadores agrícolas como Estados Unidos y Brasil reclaman una rebaja de los aranceles aduaneros aplicados por potencias como la UE y Japón. El proyecto de Falconer estipula que los aranceles más elevados bajen más, ya que el objetivo es lograr una rebaja de 54% en promedio para los países desarrollados.
Para los países en desarrollo, la baja promedio no superará el 36%. Los países menos avanzados no deberán hacer ninguna concesión.
LOS PRODUCTOS INDUSTRIALES
A cambio de concesiones en materia agrícola, los países ricos exigen a los del Sur que abran más su mercado a los productos industriales. Se sugiere que una treintena de países emergentes reduzcan sus aranceles según un coeficiente comprendido entre 19 y 26. Los países emergentes podrán definir hasta un 14% de productos sensibles según el coeficiente elegido. Un mecanismo impediría a un país albergar a todo un sector de las bajas tarifarias.
LOS SERVICIOS
En respuesta a una demanda de los países ricos, está prevista una conferencia de un día durante la semana para permitir a los países concernidos «señalar» cuáles son los sectores (telecomunicaciones, servicios, finanzas) que están dispuestos a abrir más a la competencia extranjera.