Una obra de arte, como usted se habrá dado ya cuenta, no significa siempre lo mismo para todas las personas. ¿Le ha pasado que lee el mismo libro que otra persona, pero opina diferente? O, incluso, ¿entendió otro mensaje? El problema fundamental es que una obra de arte, o al menos una buena, tiende a ser polisémica, es decir, que adquiere distintos significados, incluso hasta opuestos.
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¿Y cómo lidiar con esto? Es decir, ¿cómo críticos o simples espectadores resuelven este problema? Para profundizar en este tema, he elegido un cuento -interesante y difícil, como él solo- titulado «Subraye las palabras adecuadas» del escritor venezolano Luis Britto García, el cual fue publicado en su libro de cuentos «Rajapalabra» (LEER EL CUENTO EN RECUADRO ADJUNTO).
A través de él, plantearé algunas posturas críticas de la llamada Estética de la Recepción, postuladas por Wolfgang Iser en su obra «Die Appelstruktur der Texte» («La estructura abierta del texto») y de la crítica estructural semiótica de Umberto Eco expuestos en Obra abierta.
PRELIMINARES
La primera observación que surge con la lectura del cuento propuesto, es la intención del autor de que el lector participe activamente en la construcción del cuento. Esto remite inmediatamente a asumir una postura crítica dada en la estética de la recepción, que es una visión de la crítica que se propone a analizar la literatura y la historia de ésta desde el punto de vista del lector.
Antes del surgimiento de la estética de la recepción, se analizaban las obras literarias desde el punto de vista del autor, queriendo interpretar lo que éste quiere decir con su texto. La estética de la recepción se plantea acerca de cuáles son las distintas interpretaciones que el lector puede asumir, así como los distintos sentimientos que la literatura (también se planteaban los teóricos de la recepción sobre los efectos de otras artes, como la escultura, la pintura, etc. ) puede provocar.
La primera consideración que debieron plantearse los teóricos de la recepción, es sobre la diferencia que existe entre el lector histórico y el lector implícito. El lector histórico es aquel que no participa en la creación de la obra; y no participaba porque no lo necesitaba, ya que las obras contenían todos los datos que construían la obra literaria. Por ejemplo, en la narrativa, se precisaba sobre quién era el personaje, cómo era, cómo actuaba; los espacios eran descritos minuciosamente; el narrador contaba todo lo que ocurría en la historia; en fin, la obra no invitaba a que el lector imaginara o recreara la narración.
Sin embargo, a partir de las innovaciones técnicas en la narrativa de principios del siglo XX, las obras ya no describían con minuciosidad todo lo que ocurría; el lector estaba «obligado» a reconstruir parte de la historia. Como ejemplo se puede referir el capítulo 18 de «Ulysses» de James Joyce.
Por estas razones, los teóricos de la recepción intuyeron el surgimiento de un lector más proactivo, que participa en el proceso de creación del arte. Este lector fue denominado implícito, que según Wolfgang Iser: «El lector busca la unidad o coherencia del texto -el sentido global? a partir de los elementos textuales (la frase, el párrafo, el verso, los capítulos, etc. ). Cuando no hay unidad, coherencia, se produce un hueco, un vacío que desorienta al lector, quien tiene que proceder al rellenado de esos huecos para que el texto tenga un sentido unitario. El lector se convierte así en una especie de coautor: sin su participación, el texto carece de coherencia. La lectura es, pues, un acto inscrito en el propio texto. Supone una dinámica de búsqueda de significado. Todo texto presenta una serie de lagunas que el lector tiene que rellenar. Si al lector se le diera la historia completa, entonces su imaginación no entraría en funcionamiento y el resultado final sería el aburrimiento, por eso un texto literario debe concebirse [. . . ] de modo que comprometa la imaginación del lector».
Otro crítico que ha explicado el fenómeno de las interpretaciones por parte del lector es Umberto Eco en «Obra abierta». En el ensayo de este libro «Análisis del lenguaje poético», Eco identifica dentro de una obra dos tipos de proposiciones: una de función referencial y la otra de función sugestiva.
La proposición de función referencial se caracteriza porque el enunciado da a entender al lector únicamente los datos en él referidos: Frente a una expresión como «Aquel hombre viene de Milán», se produce en nuestra mente una relación unívoca entre significante y significado: adjetivo, nombre, verbo y complemento de movimiento de lugar, representado por la partícula «de» y el nombre propio de ciudad, se refieren cada uno a algo muy concreto o a una acción inequívoca.
La proposición de función sugestiva es capaz de evocar en el lector otra información adicional (o diferente) a la que se expresa en el enunciado: Examinemos ahora una frase como «Ese hombre viene de Basora (1)». [. . . ] Dicha a una persona totalmente inculta y ayuna en geografía, podrá dejarla indiferente o, cuando más, curiosa ante este lugar de procedencia imprecisa que oye mencionar por primera vez y provoca en su mente una especie de vacío, un esquema de referencias truncado, un mosaico completo. Dicha, por último, a una tercera persona, la mención de Basora podría despertar inmediatamente el recuerdo, no de un lugar geográfico preciso, sino de un «lugar» de la fantasía conocido a través de la lectura de las Mil y una noches.
El uso continuado de las proposiciones de función sugestiva, es un mecanismo de escritura que Eco denomina «La sugestión orientada», que permite formar en el lector la constante evocación de esas «informaciones adicionales» a lo largo del texto.
Estas dos proposiciones se han utilizado a lo largo de toda la literatura, pero la primera predominó en los textos anteriores al siglo XX, y la segunda, a partir de este siglo. Lo importante a señalar de estas dos proposiciones, es que crean en el lector dos estímulos estéticos diferentes.
El uso de las proposiciones de función referencial provocan lo que Eco llamó significado unívoco, es decir, el mensaje es claro y sólo se puede evocar una imagen.
En cambio, el uso de las proposiciones de función sugestiva, y en consecuencia de la sugestión orientada, provocan en el lector la identificación de significados plurívocos, es decir, muchas evocaciones de un solo texto.
ANíLISIS
En primer lugar, antes de iniciar el análisis, debe distinguirse la sintaxis de este cuento. Está formado por dos oraciones, compuestas por elementos fijos y «escogibles», estos últimos, son los grupos de palabras que el lector puede ir subrayando para formar la historia. A continuación se muestra cuáles son los dos grupos, encerrando entre paréntesis los grupos de palabras «escogibles»:
Una (mañana / tarde / noche) el (niño / joven / anciano) que estaba (moribundo / enamorado / prófugo / confundido) sintió las primeras (punzadas / notas / detonaciones / reminiscencias / sacudidas) (precursoras / seguidoras / creadoras / multiplicadoras / transformadoras / extinguidoras) de la (helada / vacación / transfiguración / acción / inundación / cosecha). (2) (Pensó / Recordó / Imaginó / Inventó / Miró / Oyó / Talló / Cardó / Concluyó / Corrigió / Anudó / Pulió / Desnudó / Volteó / Rajó / Barnizó / Fundió) la (piedra / esclusa / falleba / red / antena / espita / mirilla / artesa / jarra / podadora / aguja / aceitera / máscara / lezna / ampolla / ganzúa / reja) y con ellas (3) (atacó / erigió / consagró / dispersó / cimbró / lustró / repartió / lijó) el (reloj / banco / submarino / arco / patíbulo / cinturón / yunque / velamen / remo / yelmo / torno / roble / caracol / gato / fusil / tiempo / naipe / torno / vino / bote / pulpo / labio / peplo / yunque (4)) para (luego / antes / ahora / después / nunca / siempre / a veces) con el (pie / codo / dedo) (cribarlos / fecundarlos / omitirlos / encresparlos / podarlos) en el (bosque / río / arenal / ventisquero / volcán / dédalo / sifón / cueva / coral / luna / mundo / viaje / día / trompo / jaula / vuelta / pez / ojo / malla / turno / flecha / claro / seno / brillo / tumba / ceja / manto / flor / ruta / aliento / raya), y así se volvió tierra.
Desde el título, se observa que el autor desea que el lector participe activamente en la creación del cuento. Es decir, se identifica el concepto de «lector implícito», el cual definía Wolfgang Iser.
Las condiciones del lector implícito se cumplen, especialmente si se toma en cuenta la siguiente condición: el cuento «Subraye las palabras adecuadas» está lleno de vacíos que desorientan al lector, y es éste el que debe darle coherencia. Existe, pues, una dinámica de búsqueda de significados.
Además, se cumple la condición de significado plurívoco, como lo expresó Eco, ya que el cuento puede tener infinitos resultados (5).
Sin embargo, esto no ayuda mucho a entender la esencia del cuento; por tanto, habrá que profundizar más.
La primera interpretación es que, dadas las múltiples historias que se puedan formar, cada lector es libre y capaz de formar su historia. Las posibilidades se abren, ya que el autor puede interpretar que para escribir una historia que toque la vida de cada lector, debe dar infinitas posibilidades. Es decir, cada lector irá construyendo la historia, según su experiencia, sus vivencias, sus sentimientos en el momento de subrayar las palabras.
Incluso, entran en juego su cultura, ya que, si no comprende el significado de alguna palabra, no podrá tomarla en cuenta. Además, también incluye que en cada lectura se podrá construir una historia distinta; así, que el cuento nunca será igual, ni siquiera para el mismo lector, no se diga si se compara las historias de dos lectores distintos.
Una segunda interpretación es que sólo es posible una historia, o al menos unas pocas, ya que si se observa con atención la ilación, se identificará que no todas las posibilidades tienen coherencia lógica. Por ejemplo, no se puede «tallar la aguja», o «cardar la aceitera».
Esto trae como consecuencia dos ideas: la primera, el lector no debe ser descuidado y ser conciente al momento de subrayar; la segunda, talvez puede ser posible que no hay infinitas historias, sino que sólo una, y que el autor invita a descubrir la verdadera historia que él escribió, debiendo el lector, no sólo subrayar las palabras correctas, sino que desechando las sobrantes. Sin embargo, el título del cuento expresa «las palabras adecuadas», mas no «las palabras correctas». Además, como se ha demostrado, existen infinitas combinaciones, y es posible que haya muchas que sean posibles y lógicas, al mismo tiempo.
Pero, con las anteriores anotaciones, habría que plantearse un cambio de rumbo en el énfasis crítico, y éste es que se ha pensado que talvez el significado es plurívoco, en términos de Eco, y no se ha observado la posibilidad de que el mensaje sea unívoco.
En este sentido, cabe la posibilidad de que la historia sea solamente una, no como en el caso anterior, sino que una, pero infinita. Si se observa el pie de página número 5, la historia obliga al lector a escoger dos o más palabras; tomando en cuenta esto, habría que plantearse la posibilidad de que, no sólo en este grupo de palabras, sino que en todas se pueda escoger más de dos, incluso todas, de forma adecuada, a fin de que tenga sentido la historia y se utilicen todas las palabras. Tal vez en este caso, se encuentre el verdadero significado del título «Subraye las palabras adecuadas», con que el autor invita al lector a involucrarse.
A pesar de que esta posibilidad también refiere de igual forma infinitas combinaciones, hay que observar que la posibilidad de significado unívoco sea el correcto.
Hasta el momento sólo se ha observado las posibilidades que ofrecen los grupos de palabras «escogibles». Pero, ¿qué pasa con las estructuras fijas? í‰stas permiten que el cuento inicie siempre de la misma forma: con la palabra «Una» y con un sustantivo que forme el circunstancial de tiempo del cuento. Asimismo, el cuento finaliza siempre de la misma forma: «y así se volvió tierra. «
Analizando el final del cuento, se puede concluir que, pase lo que pase, subraye lo que subraye el lector, el cuento siempre acabará igual. El personaje que se escogió al principio (niño / joven / anciano) siempre se convertirá en tierra.
El sentido del cuento en realidad es unívoco, ya que el mensaje del autor es que cualquier actividad que realice el ser humano, siempre será en vano, ya que todos volverán a ser tierra algún día, sin importar en qué actividades, buenas o malas, se invierta la vida.
Por último, habría que recordar la fórmula religiosa que se utiliza en el rito católico cristiano durante la celebración del miércoles de ceniza: «Polvo eres, y en polvo te convertirás», que se encuentra muy ligada al sentido de este cuento.
Una mañana tarde noche el niño joven ancian que estaba moribundo enamorado prófugo confundido sintió las primeras punzadas notas detonaciones reminiscencias sacudidas precursoras seguidoras creadoras multiplicadoras transformadoras extinguidoras de la helada vacación transfiguración acción inundación cosecha. Pensó Recordó Imaginó Inventó Miró Oyó Talló Cardó Concluyó Corrigió Anudó Pulió Desnudó Volteó Rajó Barnizó Fundió la piedra esclusa falleba red antena espita mirilla artesa jarra podadora aguja aceitera máscara lezna ampolla ganzúa reja y con ellas atacó erigió consagró dispersó cimbró lustró repartió lijó el reloj banco submarino arco patíbulo cinturón yunque velamen remo yelmo torno roble caracol gato fusil tiempo naipe torno vino bote pulpo labio peplo yunque para luego antes ahora después nunca siempre a veces con el pie codo dedo cribarlos fecundarlos omitirlos encresparlos podarlos en el bosque río arenal ventisquero volcán dédalo sifón cueva coral luna mundo viaje día trompo jaula vuelta pez ojo malla turno flecha claro seno brillo tumba ceja manto flor ruta aliento raya, y así se volvió tierra.
(1) Basora (en árabe, al Basrah), ciudad de Irak, capital de la provincia homónima. Es la segunda ciudad más poblada del país y su puerto más importante, situada en la ribera occidental de la vía fluvial navegable de Shatt al-Arab, cerca del golfo Pérsico y de la frontera de Irak con Kuwait e Irán. (N. del A. )
(2) Este punto marca el final de la primera oración.
(3) Nótese que con esta estructura fija, obliga al lector a escoger al menos dos palabras del grupo anterior.
(4) Obsérvese que este sustantivo ya está repetido dentro del mismo grupo de palabras.
(5) Siguiendo una fórmula matemática, se puede encontrar el número mínimo de combinaciones posibles de este cuento. La fórmula es C= n! / (n-k)!, siendo n el número de casillas disponibles, y k el número de elementos posibles, dando como resultado 192067,3601860,800 (más de 19 billones de formas posibles.)