La noticia del año


No puede objetarse que la noticia más destacada del año que está por terminar fue la elección del senador Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos, no sólo porque es un hito el triunfo de una persona de raza negra, sino porque para alcanzar el triunfo el futuro gobernante logró despertar ilusión y confianza en un electorado que estaba evidentemente molesto con la actual administración del presidente George W. Bush.


Y es que Bush pasará a la historia por haberle entregado el mando a Obama, pero sobre todo porque sin los desaciertos tremendos de su administración hubiera sido imposible que un Senador novato, poco conocido a nivel nacional y sin grandes ejecutorias administrativas y, de ajuste, de origen afroamericano, pudiera ser electo Presidente de los Estados Unidos. En ese sentido, si Obama hace el papel que la gente espera, habrá que agradecer a Bush su desastroso gobierno que abrió la puerta a una nueva generación que marca diferencia en la forma de hacer polí­tica.

Entre la guerra de Irak, producto de una serie de mentiras y falsedades sobre la base de informes de inteligencia totalmente adulterados, el desastre nacional en temas como Katrina y luego la aguda crisis económica que está afectando a los Estados Unidos, el electorado se manifestó harto y prefirió un viraje radical en la conducción de la cosa pública.

Para el mundo, luego de la polí­tica exterior de Bush que fue de marcado unilateralismo en la toma de decisiones en los casos más graves, entre ellos la guerra, el ofrecimiento de una nueva forma en la que se ha de privilegiar la diplomacia sobre el guerrerismo es alentador.

Especialmente porque es obvio que el sistema de Naciones Unidas, escenario natural del multilateralismo, está en crisis y requiere del apoyo de las grandes potencias para realizar las reformas que le hagan más eficiente en la preservación de la paz mundial. Al fin y al cabo, la ONU tiene como razón de ser cabalmente la promoción de la paz, evitando aventuras bélicas, mediante acciones que permitan actuar al conjunto de naciones cuando hay necesidad de aplicar la fuerza, a fin de evitar que dirigentes enajenados, como el que está por irse, puedan causar sangrientos conflictos que cobren miles de vidas.

Ciertamente todo lo relacionado con la administración Obama es aún expectativa y esperanza sin nada concreto para ostentar. Pero basta el simple hecho de que termine la gestión más funesta en la historia de los Estados Unidos, y no sólo para ellos sino para la humanidad misma, para que existan razones de alivio, pensando que peor de lo que hubo ya no se puede esperar.