La noche del jueves 19 y el amanecer del viernes 20


Ese jueves salimos los cadetes a recibir visitas fuera de la Escuela Perí­metro autorizado: de la estatua del General Garcí­a Granados a la Iglesia de Yurrita. Dos amigos me visitaron, Horacio Paredes (Lacho) y Guillermo Soto Montenegro (Mito). Además, Roberto Rosales Girón. Los tres me llevaron pasteles. Lacho y Mito me contaron que el ambiente en la calle era tenso. Hay muchas versiones pero lo que si parece real es un golpe contra el gobernante general Federico Ponce. Ambos eran universitarios y amigos muy queridos en muchos sectores, así­ que se sentí­an bien informados. A las diecisiete treinta y cinco horas el cometa tocó «REUNIí“N» (fin de visitas). Entramos a equiparnos y a las menos cinco de las seis se formaba la compañí­a de cadetes en la avenida «Reforma» para rendir a las dieciocho horas en punto honores a nuestra insignia patria. Las visitas esperaban ese lindo ceremonial de honores a nuestro pendón nacional.

Abundio Maldonado

En los escasos diez minutos que el estricto horario de la Escuela nos daba, previos a pasar al comedor de cadetes, el comentario era unánime en cuanto a que los familiares y amigos visitantes comentaron lo que mis amigos me dijeron: hay temor y algo se espera.

Esa noche me tocó turno como «cabo rondí­n», Mi misión: rondar el establecimiento y visitar a los cadetes que cubrí­an los cuatro torreones de la Escuela. Al pedir «novedades» el cadete Marco Antonio Schuman que cubrí­a el torreón sur oriente me dijo: «mi Cabo Maldonado» en la Guardia de Honor- se escuchan ruidos raros de motores y parece que hay movimiento de tropas, Me quedé unos minutos en el torreón y al momento escuchamos varios disparos y minutos después una ráfaga de ametralladora.

Alerta y listo caballero cadete Schuman. Iré a dar parte al comandante de guardia Teniente Rogelio Alberto Rosales. Vamos al torreón me dijo, pero antes de llegar oí­mos el primer disparo de una pieza de artillerí­a ciento cinco que dio el primer blanco al «Castillo de San José». Dé parte de lo que oí­mos y está sucediendo en la Guardia me dijo y corrí­ al pabellón (dormitorio) del jefe de servicio quien ya vení­a ametralladora en mano, el Capitán Agustí­n Donis Kestler. Cabo Maldonado me ordenó, despierte al corneta de órdenes Sargento Ramón Morales y que toque «generala», toque de clarí­n que ordena proceder a cubrir cada cadete su puesto para la defensa de la gloriosa Politécnica en caso de ser atacada.

A eso de la medianoche ya estaba el mando de la Escuela: el General Hennig Director, el Coronel Juan Francisco Oliva Subdirector y el Capitán Pedro Rodrí­guez Comandante de la Compañí­a. El fuego era intenso y las tres piezas 105 al mando de los capitanes de artillerí­a Salomón Pinto, Salomón Villega y Luis Valdez Peña, bombardeaban los Castillos de San José al mando del Coronel Cesáreo Alfonso Argueta y «Matamoros» al mando del General Fidel Torres. En la defensa de la Escuela mi puesto era «agente de enlace» entre el Director y Subdirector. El Coronel Oliva me ordenó hacerme cargo del teléfono porque obviamente un cadete tení­a más chispa que el soldado telefonista.

Y aquí­ viene mi anécdota que alguna vez escribí­ y hoy por ser un dato histórico repito. Sonó el teléfono. Contesté. Habla el general Corado Secretario de Guerra, comuní­queme con el Director me dijo. Mi General Hennig el General Corado le llama por unos segundos el-Director no habló. Después le dijo: «no mi General» yo no puedo cumplir su orden de que los cadetes ataquen la Guardia de Honor. Parece que insistió, pero el general Hennig fue terminante; la Escuela no debe inmiscuirse en una andanada polí­tico militar y colgó. Cabo Maldonado me ordenó, llame a Casa Presidencial y diga que quiero hablar con el general Ponce. Llamé y respondió el Capitán Armando Diéguez, oficial del Estado Mayor Presidencial. Mi Capitán, el señor Director General Hennig desea hablar urgentemente con el General Ponce. Recibió la llamada y el General Hennig le dijo que el General Corado le ordenaba atacar con los cadetes la Guardia de Honor, pero que él creí­a que ello no era conveniente. El Presidente provisorio general Ponce le dijo: NO LO HAGA. La Escuela debe permanecer neutral en lo que está pasando, colgó el general Ponce y el Director se sintió tranquilo. Ordenó al coronel Oliva que los cadetes sólo entrarí­an en combate en caso de un ataque a la gloriosa Politécnica.

Las tres piezas de artillerí­a ciento cinco y los tanques estaban distribuidos en las tres fortalezas, pero el General Corado nombró a su primo hermano el General Humberto Corado, Comandante de la Guardia de Honor y centralizó tanques y la artillerí­a ciento cinco en la «Guardia» porque -según se comentaba- el General Daniel Corado Secretario de Guerra se levantarí­a en armas contra el general Ponce. Lo que sucedió esa noche en la Guardia será comentado en su oportunidad para bagaje de quienes escriben nuestra historia.

Amanecí­a y cierro este escrito aludiendo a mi amigo y siempre gran amigo de todos los cadetes ílvaro Contreras Vélez. Llegó y se acercó a la muralla y me preguntó «qué pasa voz Abundio», se levantó la Guardia de Honor contra el gobierno le contesté. Gracias me dijo y en su motobicicleta se orientó a la Guardia de Honor para recoger material para su periódico «Nuestro Diario».