Varias veces, durante el proceso electoral pasado, escribí sobre el desencanto que me provoca nuestro sistema político y las enormes deficiencias estructurales que presentan nuestras instituciones democráticas, empezando por el modelo de financiamiento de los partidos políticos.
ocmarroq@lahora.com.gt
Sin embargo, debo decir que he notado en el arranque de este gobierno una mayor claridad en cuanto al objetivo final de la gestión pública, sin duda resultado de la experiencia que el general Pérez Molina acumuló durante su acompañamiento permanente al licenciado Ramiro de León Carpio en su calidad de jefe de Estado Mayor Presidencial.
No es secreto ni exageración decir que nadie tuvo tanta influencia y poder en ese gobierno como el general Pérez Molina y que eso le valió para conocer los vericuetos más íntimos del poder. A diferencia de todos los presidentes civiles que hemos tenido, él llegó sabiendo a lo que se enfrentaba. Desde Vinicio Cerezo hasta Colom, todos asumieron la presidencia sin conocer la realidad del poder, sus potencialidades y sus enormes dificultades. La existencia de los poderes ocultos es algo que los gobernantes aprenden cuando ya están sentados en el trono y muchos de ellos no llegan a saber cómo enfrentarlos y lidiar con ellos.
Yo pienso que si el general Pérez Molina quiere realmente trascender en la historia del país, tiene mejores oportunidades para hacerlo precisamente porque sabe lo que debe hacer y cuáles son los obstáculos que tendrá que enfrentar y los enemigos que debe derrotar. Creo que ha demostrado que no da palos de ciego y que posee el conocimiento invaluable de lo que es gobernar un país y si logra centrar su esfuerzo en la reforma del sistema, puede dejar el legado muy grande para que Guatemala efectivamente principie a construir un modelo democrático.
Lo cotidiano puede convertirse en su gran problema, puesto que lo vemos todos los días ofreciendo declaraciones, figurando en actos públicos de todo tipo en los que generalmente habla sobre cualquier tema del que se le formulan preguntas. Ese contacto permanente con los medios y con sectores de la población puede ser una ventaja, pero también provoca un mayor desgaste porque mientras más opiniones se tienen que externar, no sólo más errores se pueden cometer, sino que se pierde la dimensión de lo fundamental, de lo que es indispensable para trascender como estadista. No creo que un gobernante deba encerrarse, aislándose de la población, pero todo tiene que manejarse con cierta dosificación.
Personas que conocen a Pérez Molina me han comentado que sale muy temprano de su casa y vuelve casi a la medianoche luego de intensas jornadas de trabajo, lo cual se confirma con actitudes como las que ha tenido al obligar a sus ministros a trabajar en Gabinete el domingo para no restar tiempo a las actividades en horario normal de la semana. Ojalá que en esas largas jornadas pueda encontrar el tiempo para mantener enfocada su mente en la necesidad de ser algo más que un buen administrador que está pendiente de los detalles del día a día, para ponerle atención al descomunal esfuerzo que hace falta para provocar esos cambios de los que en forma tan general nos habló desde su misma toma de posesión. Yo he dicho que el tema de la transparencia es el pilar de cualquier cambio que valga la pena en el país y sin duda que combatiendo las distintas formas de corrupción se puede enderezar esa maltrecha institucionalidad que se ha debilitado precisamente por el impacto de la voracidad de muchos funcionarios.
Es cierto que el sistema no funciona, pero para cambiarlo y hacerlo funcionar, ningún remedio mejor que el poder bien entendido y mejor usado. Creo que nadie ha llegado a la Presidencia con mejor entendimiento del significado del poder que el actual Presidente y ojalá que ello le sirva para impulsar al país por una senda totalmente diferente.