Como ya hemos dicho, la música de Beethoven revela su poderoso espíritu de luchador, así como la bondad de su alma escondida bajo un disfraz huraño y poco sociable. A veces es triunfal y solemne pero en otras ocasiones es tierna y dulcemente melancólica. Desde el punto de vista técnico, el cambio consiste en que se deja de usar la medida tan estricta de la música clásica y se matizan con mayor riqueza los timbres de los instrumentos, al mismo tiempo se escuchan sonoridades armónicas más vigorosas que sirven de marco sonoro para Casiopea, esposa de miel y canto, ángel en quien deposito el raudo polvo de mi cotidiano anhelo y en la multiplicada noche que la nombro, porque es una ecuación de amor que esplende en mi sangre apasionada.
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela
Ludwig van Beethoven fue ante todo un músico instrumental En ese terreno sus obras son excelentes, pero en la música vocal, quizá por la sordera, no brilló con la misma fortuna. La música vocal fue su punto débil, por eso su única ópera llamada Fidelio se ha interpretado en pocas ocasiones no obstante su belleza. Sin embargo, los coros de esta ópera y los de la Novena Sinfonía son sencillamente impresionantes.
En cambio en la música instrumental especialmente para orquesta o en las sonatas para piano solo, Beethoven es considerado como uno de los genios musicales de mayor fuerza y perfección. La lucha a que se entregaba para componer sus obras se demuestra en el tiempo utilizado para componerlas. Mientras Amadeus Mozart, empleando las normas clásicas que tan bien conocía, podía escribir una sinfonía en unos pocos días, Beethoven tardaba meses y en algún caso, como en la Novena Sinfonía, años. Es que cada nota escrita tenía que ser comprobada en su relación de sonido con las demás, ya que al no oírla, tenía que imaginarla y comprobar que no iba a producir ningún mal resultado o efecto.
Además, Beethoven escribía poniendo todo su sentimiento en cada frase y extrayendo de su ser la emoción propia para convertirla en música. A juicio del que escribe, las obras más hermosas de Beethoven en el terreno sinfónico es la Quinta, en los conciertos para piano el Número Cuatro, en las sonatas para piano todo en ellas es hermosísimo. A continuación ofrecemos una lista de algunas de sus obras, con las fechas en que fueron escritas:
Óperas
Fidelio (1806)
Música para teatro
Las criaturas de Prometeo (1801)
Egmont (1810)
Las ruinas de Atenas (1811)
Orquestales
Primera sinfonía en do mayor Op. 21 (1800)
Segunda sinfonía en re mayor Op. 36 (1802)
Tercera sinfonía en mi bemol mayor Op. 55 (1804)
Cuarta sinfonía en si bemol mayor Op. 60 (1806)
Quinta sinfonía en do mayor Op. 67 (1805)
Sexta sinfonía en fa mayor Op. 68 (1809)
Séptima sinfonía en la mayor Op. 92 (1812)
Octava sinfonía en fa mayor Op. 93 (1812)
Novena sinfonía en re menor Op. 125 (1817-1824)
Sinfonía Jena y La batalla de Victoria
Oberturas
Coriolano (1807)
Consagración de la casa (1822)
Leonora No. 1 (1807)
Leonora No. 2 (1805)
Leonora No. 3 (1806)
Contradanzas (1803)
Concierto triple (1804)
Concierto para piano y orquesta No. 1 (1801), No. 2 (1795) No. 3 (1800), No. 4 (1805) y No. 5 (1809)
Música coral
Misa en re mayor
Misa solemne Op. 123 (1823) y el
Oratorio “Jesús en el Monte de los Olivos”, una de las páginas corales más bellas de Beethoven. A decir del Doctor Salvador Aguado Andreut (q.e.p.d.), grande melómano, la obra más destacada del ilustre sordo de Bonn.