Una vez analizada la música antigua en los países de Europa y en particular la influencia de Claudio Monteverdi, exponemos ahora una de las músicas más originales del mundo occidental: La España de todos los tiempos.
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela
Esta música maravillosa es digno escenario élfico para el cantar de Casiopea, esposa dorada, quien es madrugada de astros vegetales que me quema con su corazón único y me encadena al calor de sus brazos míos y me pierde diariamente en el latir de su pecho enloquecido.
De tal manera que, diremos, en primer lugar que con vasto panorama histórico, como telón de fondo, la música de España en el siglo XVI fue, como la americana, pluriétnica y pluricultural, tal y como el fenómeno sonoro lo demuestra. De tal forma que iniciaremos nuestra aproximación con la música española para después introducirnos en la música prehispánica y en la América Latina de nuestros tiempos, pues en este sentido el sincretismo cultural e histórico es más que evidente.
Partiendo de estas premisas acotaremos que es difícil situar los orígenes de la música antigua española. Es más, cualquier límite cronológico será aceptable a los fines de divulgación que nos proponemos. Por lo tanto, por decisión propia, y de acuerdo con nuestros criterios historiográficos, iniciaremos este amplio recorrido con el canto mozárabe, cuando la síncresis cultural entre cristianos, judíos y árabes está en su apogeo en pleno siglo VII de nuestra era.
No es posible olvidar, en este contexto, que la invasión musulmana constituyó un factor de cohesión y fortalecimiento para las comunidades cristianas de la península ibérica. Entre estas destaca la unión de los mozárabes ante el poder del Islam. En el transcurso del tiempo, el rito creado por ellos va decayendo, hasta tal punto que, en la segunda mitad del siglo XI, queda confinado tan solo en seis parroquias de Toledo, cuando a fines del siglo XV, el Cardenal Cisneros intenta resucitar la pureza tradicional del rito, la empresa resulta no ya difícil, sino prácticamente imposible, debido a que en aquella época eran pocos los que sabían descifrar los antiguos manuscritos.
Para entrar en materia diremos que aproximarse al canto mozárabe resulta extraño y un tanto enigmático para el oído de muchos de nosotros, letra y música suenan a lejanas edades y difieren ni poco de los géneros y gustos más recientes.
Esta sencilla monodia nos trae el mensaje lejano de muchas generaciones que expresaban sus más íntimos y nobles sentimientos con textos y cantos cuyo eco nunca se extinguió del todo en el solar hispano, a diferencia de lo que sucedería con la canción profana, totalmente hundida en la vorágine de los tiempos.
¿Cómo cantaban antes del siglo X españoles, francos, italianos y germanos? Para dar alguna respuesta, aunque no del todo satisfactoria, hay que entrar en las catedrales y abadías, y en sus vetustos archivos abrir los pocos libros en vitela allí atesorados y no siempre bien estudiados. Hay que poseer también sólida formación paleográfica, sin la cual la letra dirá poco y menos aún los neumas musicales, de endiablada criptografía.
El hombre de hoy, ante libros como el Antifonario Gótico Leones de Aia o el Gregoriano de Hartker, recibe un fuerte impacto de contrariedad y frustración. Ignora lo que sabían aquellos ingenuos escribas medievales, cuya semiografía musical le resulta inaccesible.
Tampoco cala del todo en el misterio de ese centenar corrido de gigantescos cantorales de El Escorial, cuya llegada esperaba con ansias el rey don Felipe II, colándose por la noche, cual gato curioso, por un ventanal, para ver cuanto antes esta colección.