La mozzarella: del paladar a los laboratorios


Uno de los productos más populares de la cocina italiana, la mozzarella de búfala, vivió una semana de pasión, tras la alarma internacional desatada por la contaminación con dioxina, lo que obligó a Italia a retirar este viernes del mercado el queso susceptible de contagio.


Además del retiro, las autoridades sanitarias decidieron realizar controles minuciosos en todas las queserí­as y granjas donde pastan las búfalas, con particular atención a aquellas que se encuentren en Nápoles y Caserta, al sur de la pení­nsula.

La alerta por la presencia de dioxina en la mozzarella se desató a finales de la semana pasada después de que las autoridades sanitarias de la región de Nápoles (sur de Italia) realizaron una serie de controles en esa zona y en Caserta, donde se produce el 90% del renombrado queso, célebre por su frescura y su uso en la pizza.

Durante los controles terminaron bajo embargo más de 60 granjas debido a los niveles «anómalos» de dioxina en la leche, que según los expertos y la opinión pública se debe a las sustancias tóxicas que se han acumulado en el terreno en años y años de mala gestión de las basuras en Nápoles.

La maldición de la capital del sur, sumergida desde enero en toneladas de desechos, estaba por sacudir de nuevo a esa ciudad, emblema de las contradicciones de Italia y azotada por la mafia, la pobreza, el desempleo y la corrupción.

El temor de un boicot mundial comenzó el lunes cuando Japón y Corea del Sur decidideron suspender temporalmente las importaciones del queso, a los que estaban por sumarse rápidamente otros paí­ses.

Cinco dí­as después, Francia, entre los mayores compradores del queso, dio el viernes la orden a los importadores de entregar «inmediatamente» la mozzarella para impedir la venta al por menor del queso de búfala proveniente de Campaña.

La drástica medida fue levantada pocas horas después tras las medidas especiales italianas.

«La crisis se resolvió. Ahora se realizarán los controles y se retirarán los productos contaminados, que son una cantidad modesta, para así­ tranquilizar al consumidor», anunció el ministro de Relaciones Exteriores de Italia, Massimo D»Alema, quien admitió que la ví­spera habí­a comido el sabroso queso.

Las medidas especiales adoptadas por el ministerio de Salud italiano pusieron término en menos de dos dí­as a las tensiones entre Italia y la Unión Europea, que amenazó con bloquear el comercio de queso de búfala en el mercado europeo.

Como D»Alema, el ministro de Agricultura, Paolo de Castro, intentó minimizar los riesgos para la salud humana ingeriendo en público, ante las cámaras de televisión y un grupo de cientí­ficos, las exquisitas bolas blancas de queso de búfala.

El gesto de los ministros evitó probablemente una psicosis mundial, pero no aclara las razones de la contaminación ni sus efectos a largo plazo.

«Los italianos deben intervenir para eliminar la fuente de la contaminación», pidió el viernes una responsable de la Comisión Europea.

Un pedido que ningún gobierno va a poder dar una respuesta, ya que la región Campaña no sólo es el gran feudo de la mafia napolitana, sino que en los últimos 14 años ha permitido que se entierren legal e ilegalmente millones de residuos tóxicos de toda la pení­nsula, que producen incendios espontáneos y nubes de dioxina en el aire.

Italia niega que exista un ví­nculo directo entre las toneladas de basura y la dioxina en el queso y son escasos los datos cientí­ficos sobre los efectos adversos que produce por acumulación.

Gracias a los controles sanitarios se sabe que las granjas de crí­a de búfala contaminadas disminuyeron de 83 a 20 en menos de una semana y que los animales podrán eliminar la dioxina en 90 a 120 dí­as.

Las 250.000 búfalas que producen la leche para la mozzarella, 80% de ellas en la región de Campaña, por un volumen de negocios de unos 300 millones de euros al año, por ahora podrán dormir tranquilas.