Si usted no tiene servicio de televisión por cable o vía satelital, usted está condenado a sufrir cada día la pésima programación de la televisión local abierta. Pareciera que no hay ningún criterio profesional ni técnico que oriente la proyección de ese medio masivo de comunicación.
En Guatemala existía una tradición televisiva estatal y privada que por puro descuido se perdió, dando al traste con el poco arte y talento que décadas atrás podíamos ver desfilar por nuestros aparatos de televisión. La copia, el reciclaje, la mediocridad, el mal gusto y el divorcio total con el desarrollo cultural y educativo de nuestra Nación es la tónica que predomina en todos los canales de la televisión abierta y aún en aquellos canales que transmiten sólo por cable. Aunque he visto algunos programas hechos empíricamente en algunos departamentos que superan en creatividad y calidad educativa a aquellos que se precian de tal aquí en la ciudad capital.
Algunos programas, muy esporádicos y ocasionales, que pretenden ser documentales de exploración de eso que llamamos vagamente «lo nuestro», pecan de ingenuos y tendenciosos, frívolos y superficiales, por cuanto no pasan de explorar y explotar esa capa superficial que es el folclorismo. No son capaces de llegar siquiera a la puerta de entrada de lo que podría ser la médula de lo guatemalteco que entiendo es lo que se pretende sondear.
Otro tanto pasa con los programas seudoeducativos, en los que se entiende por educación únicamente el aprendizaje y repetición memorística de fórmulas de seudocortesía y de seudoaprendizaje de la gramática y la ortografía.
De los pocos programas dedicados a los niños, o son mexicanos o copia de los mismos; repito, nada original. O creen que los niños son tarados o los tratan ingenuamente como tal, porque de concurso en concurso y de payasada en payasada, solamente son explotados comercialmente para promover los productos (porquerías nada saludables ni nutritivas) que los patrocinan. Esto es explotación infantil con fines comerciales y no formativos.
De los programas en vivo y de los telenoticieros ¿qué más podemos decir? que son la quinta esencia de la copia y de la ineficiencia. No creo que la gente que los anima haya pasado por un proceso de selección y, si al caso lo hubo, no han tenido la voluntad de superarse a sí mismos, porque por lo que a diario podemos ver, no notamos ningún esfuerzo por hacer las cosas cada vez mejor. La mediocridad reina por doquier. Las noticias son manipuladas y mal presentadas. Urge una escuela más eficiente para estos productores y presentadores.
Todo lo demás es la basura de la televisión mexicana, venezolana y colombiana que, con muy pocas excepciones, a diario solo nos frecen más de lo mismo y de lo peor, con la complicidad de las marcas patrocinadores y de los dueños de los canales a quienes sólo les interesa el lucro y no la formación de la gran cantidad de seres humanos que lamentablemente viven prendidos de la caja boba con el agravante de los pobres e irresponsables canales de la televisión local abierta que no dan una en cuanto a iniciativa cultural se refiere. Esa es su miseria.