Ayer publicamos una entrevista con el presidente electo, ílvaro Colom, en la que afirma que el sello de la socialdemocracia será poner al ser humano como centro del esfuerzo de la sociedad y no seguir privilegiando al mercado como el fin último. Y a la luz de esa declaración, sin duda alguna que uno de los puntos en los que tendrá que decidir si mantiene o reforma la política de Estado actual es en el campo de la minería, porque como bien dijo el Cardenal, este año en el Día de Reyes sólo le llevaron al Señor incienso y mirra, porque el oro se lo llevaron para el norte, en alusión a la explotación que se hace de ese mineral.
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Y digo que será un tema en el que puntualmente se podrá medir el alcance de la afirmación de Colom, porque hasta el día de hoy el Ministerio de Energía y Minas ha alentado un régimen de concesiones que se basa estrictamente en las consideraciones de mercado y que no toma en cuenta las preocupaciones de la gente, de esos seres humanos que según el presidente electo serán el centro de la acción de su gobierno. En la mayoría de los casos se puede comprobar que existe una seria controversia entre la preocupación de los pobladores en los lugares donde se han asentado las empresas mineras y el objetivo fundamental de éstas que es el de obtener la mayor ganancia, el mayor lucro posible, de acuerdo con las reglas del mercado.
Y las concesiones mineras se han otorgado con base en una legislación ad hoc, aprobada al gusto del cliente, pero revisarlas traería consecuencias de gran envergadura porque, entre otras cosas, Guatemala se ha amarrado con el Tratado de Libre Comercio y no puede hacer modificaciones que afecten intereses de las empresas norteamericanas que operan en nuestro país. El caso del ferrocarril es ilustrativo, porque el gobierno consideró lesiva la concesión que había hecho el gobierno de Arzú y ahora nos enfrentamos a la decisión que tome un árbitro norteamericano que, por supuesto, no será totalmente imparcial, pero así es como decidimos al renunciar a importante parte de nuestra soberanía al ratificar el TLC.
El tema de la minería ha sido uno de los que en los últimos años han enfrentado a la Iglesia con el gobierno del presidente Berger porque es obvio y evidente que en este régimen se ha dado gran impulso a las concesiones mineras y se ha alentado la inversión en ese campo. Y resulta además evidente que los obispos no están satisfechos con esa política y por si alguna duda quedaba, el Cardenal Quezada Toruño se encargó de disiparla al espetar a los fieles el pasado domingo una fuerte expresión relacionada con la extracción de oro en algunas regiones del país.
La socialdemocracia que presentó ayer Colom en esa extensa entrevista apunta a atender las necesidades y clamores del ser humano antes que a privilegiar el mercado como el gran orientador de las políticas públicas. Sería en verdad un cambio radical porque en Guatemala hace muchos años que el mercado se adueñó de nuestra política y en su nombre se han cometido una serie de barbaridades y barrabasadas, puesto que al fin y al cabo vivimos en un país en donde las leyes del mercado se aplican con menos eficiencia que en cualquier otro lugar del mundo porque los dados están generalmente cargados a favor de uno de los sectores y el otro está totalmente indefenso y sin capacidad ni de alegar. ¿Será posible que eso cambie? Tal vez el tema de la minería nos pueda dar alguna muestra.