La medusa


El descalabro de los sistemas económicos que han sustentado hasta este momento a los paí­ses hegemónicos, no ha sido ninguna gracia para los magnates de Wall Street, quienes han llorado a moco tendido la pérdida del sistema. Lo mencionó el primer ministro inglés, Gordon Brown, en la reciente cumbre de Davos al decir que el mundo está ahora: «En una crisis de civilización».

Roberto Arias

No cabe la menor duda de que el antiguo mote del «Dragón dormido», refiriéndose a la China de Mao Tsé Tun, ha pasado de moda, porque los mismos paí­ses hegemónicos de Occidente han abierto todas las puertas y ventanas para que el dragón despierte y salga de su madriguera a pasearse por encima de todo el mundo.

Estamos presenciando un sismo geopolí­tico planetario y, asociando palabras del premio Nobel en economí­a, Joseph Stiglitz, y un poco de historia, se puede apreciar la medusa que conforman los paí­ses de economí­as emergentes: La China continental, La India, Rusia e Irán, cuyos intereses son, obviamente, el avasallamiento de los paí­ses occidentales.

La América Latina tiene ahora una oportunidad de salir de su marasmo centenario, particularmente porque puede verse la confluencia de paí­ses hacia un alineamiento en la América del Sur y uno que otro paí­s centroamericano que está inclinándose para orbitar alrededor de ese eje. El movimiento polí­tico y económico que pretende Latinoamérica podrí­a resultar un experimento ventajoso para escapar parcialmente de las garras de los paí­ses asiáticos emergentes y atrincherarse desde su propia fortaleza.

Si el alineamiento latinoamericano para formar un sólido bloque polí­tico y económico no surge con la elegancia de la dignidad y es devorado por la codicia de sus dirigentes, éste, por el contrario, podrí­a fracasar y arrastrar al Sur continental del Rí­o Grande, hacia su total aniquilación económica.

La cirugí­a económica y polí­tica que debe realizarse y, que de hecho ya empezó, deberí­a ejecutarse con un bisturí­ fino que permita el mí­nimo de «Prueba y error» en la operación. Las polí­ticas económicas que se utilicen deben estar totalmente alejadas y deben ser totalmente ajenas a las polí­ticas del fundamentalismo neoliberal; únicamente debe verse la cantidad de millones de personas que se han quedado sin casa a raí­z del «pinchón» de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos. Quizás lo más triste de esta historia es que los magnates de Wall Street quieren, a la fuerza, que les rescaten sus capitales las mismas personas que ellos hundieron, dejándolos incluso sin dónde recostar la cabeza para dormir tranquilamente por las noches. De allí­ que el Congreso paró en seco las pretensiones de Bush y sus compinches de proporcionarles -setecientos mil millones de dólares.

El total fracaso de la economí­a neoliberal se pinta de luto con enormes y descoloridos caracteres ante el mundo. Es esto una vergí¼enza para los estadounidenses; mayor vergí¼enza que la caí­da del muro de Berlí­n para los soviéticos. Realmente es una vergí¼enza para el mundo occidental.

Latinoamérica tiene que despertar y aceptar el reto del cambio de civilización que ya está en marcha. Sabemos que estos son procesos de gran extensión que se desarrollan y se desenvuelven en tiempos históricos; que estarán fuera de la visión real de los seres humanos actuales, sin embargo, veremos el desenvolvimiento de los acontecimientos en el cortí­simo plazo, especialmente en la parte que corresponde a los latinoamericanos. «Veamos qué pasa», decí­a la tí­a Catocha.