La masacre de Colorado y la Segunda Enmienda


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Impresionantes escenas de dolor y desconsuelo pudimos ver la semana pasada en lo que parecía una película de horror. Un exestudiante de doctorado de la Universidad de Colorado había tomado la terrible decisión de entrar a la función de estreno de la nueva película de Batman en un cine de la localidad de Aurora, Colorado. De acuerdo a reportes de prensa el antisocial había entrado a la sala de cine armado hasta los dientes y pocos minutos después de iniciada la película habría abierto fuego disparando indiscriminadamente contra todos los asistentes.

John Carroll S.


Fue detenido y reducido al orden pocos minutos después en el parqueo del cine.  No quiero ni imaginarme por el calvario que pasaron todos los cinéfilos que presenciaron y enfrentaron semejante acto de barbarie, ellos y sus familiares tendrán que vivir vidas marcadas para siempre porque un acto de esa naturaleza no se olvida jamás.

Cada vez que un acto como este ocurre en Estados Unidos, saltan inmediatamente los cuestionamientos y críticas contra una de las partes fundamentales de la Constitución Americana. La Segunda Enmienda garantiza a los hombres y mujeres mayores de 18 años a tener y portar armas.  Este cuestionamiento y discusión es fuerte y constante desde hace mucho tiempo y ha significado duros retos para la institucionalidad de la Constitución de Estados Unidos. Por ejemplo,  a mediados de los años 30 cuando Estados Unidos se encontraba bajo el acecho de bandas del crimen organizado y famosos delincuentes de la talla de “Bonnie and Clyde” que ametrallaban a diestra y siniestra a cuanto valiente policía o civil se les pusiera enfrente,  la Segunda Enmienda se vio amenazada por la presión popular de aquellos días y la Corte Suprema terminó por ceder ante las presiones matizando el derecho a tener y portar armas. Sin embargo, poco tiempo después, esas decisiones de la Suprema Corte terminaron sucumbiendo ante nuevos fallos devolviendo al ciudadano los derechos ya mencionados.

Aunque siempre hay casos desgraciados que sin duda sacan el tema a la palestra, los americanos regularmente  vuelven a sus raíces para defender lo que les pertenece por derecho que no permiso.  El presidente Obama, ha empezado a comentar la posibilidad de “enmendar” la Segunda Enmienda o controlar con legislación más estricta lo garantizado en la Constitución y como buen político hace el ofrecimiento cuando todo su pueblo está consternado por la matanza y los sentimientos están a flor de piel. De hecho es impresionante ver como el pueblo reacciona ante la sola posibilidad de un nuevo control de armas, aumentando significativamente la adquisición de armas en los días posteriores a la masacre. 
Me confieso en lo personal poco amigo de las armas, ni conozco de ellas, ni tengo la costumbre de usarlas pero tengo que reconocer que ante la situación que vivimos en el país en más de alguna oportunidad he pensado en hacerme de una para defenderme, para defender a mis seres queridos y para defender lo que me pertenece.  Y es precisamente en estos sentimientos que está basada la famosa Segunda Enmienda de la Constitución Americana. Aquí por el contrario,  tenemos leyes de armas que están fundadas en bases falsas como la de darle vida a los instrumentos catalogándolos como peligrosos por sí mismos.  No necesitamos prohibir las armas porque las armas no matan, no dañan, no asesinan por sí solas. Lo que necesitamos es invertir nuestro tiempo y cabeza en un marco legal que funcione para llevar ante la justicia a los irresponsables, asesinos y antisociales que usan las armas para causar daños sin razón alguna, a los que usan las armas para amenazar, para extorsionar, para secuestrar, para robar y para cualquier otra actividad que generalmente ya se encuentra señalada en nuestra legislación como delito.  Si utilizamos los principios equivocados para legislar al respecto, terminaremos por prohibir los machetes, los cuchillos de cocina, los floreros y cualquier otro instrumento, aparato o sustancia que pueda ser utilizado para dañar.

Es importante entender que mientras sigamos legislando sin los principios adecuados nuestro marco legal seguirá dando como resultado cosas como que las personas correctas y responsables se encuentran con frecuencia que la capacidad de fuego de los delincuentes es mucho mayor a la que legalmente sirve para defenderse de ellos.