La manipulación del voto


Luego de transcurridos diez dí­as después de la realización de la primera vuelta de las elecciones generales en Guatemala, sigue latente la inconformidad social en diferentes lugares del territorio nacional ante las diversas denuncias de anomalí­as que se produjeron y que apuntan a la existencia de un fraude electoral mediante la utilización de cédulas duplicadas o falsificadas.

Félix Loarca Guzmán

Por supuesto que las autoridades electorales se lavan las manos diciendo que la extensión de las cédulas es responsabilidad de las municipalidades y no una esfera de su competencia. Pero el hecho concreto es que las denuncias van en la dirección que muchas personas votaron por otras, lo cual ensombrece la transparencia del proceso de votaciones.

Con una impresionante miopí­a, muchos de los observadores internacionales certificaron que el 95 % de los resultados de las elecciones era confiable, sin haberse detenido a analizar que numerosos ciudadanos que hoy viven en el exterior pudieron ser suplantados por extranjeros o personas residentes en otros distritos electorales. Esta es la reflexión lógica que permite explicar por qué algunos funcionarios impopulares que son rechazados por los vecinos de sus comunidades resultaron reelectos para un nuevo perí­odo de función pública. Además, la duplicación o falsificación de cédulas actualiza el debate sobre la alarmante vulnerabilidad de ese documento de identificación que además pone en entredicho el principio de seguridad jurí­dica que deberí­a ser una de las principales expresiones del Estado de Derecho.

Por otra parte, también es evidente que hubo una manipulación del voto mediante información amañada o sesgada a partir de la publicación de encuestas de poca credibilidad, pero que influyeron sobre el ánimo de los electores, que según las declaraciones del ex candidato presidencial del FRG, señor Luis Rabbé, hasta indujeron al error a la cadena CNN de televisión. Como todos sabemos, esa prestigiada empresa internacional de comunicación realizó un foro en Guatemala con la exclusiva participación de los candidatos que según las encuestas aparecí­an en los primeros cinco lugares.

Al final, los resultados de las elecciones demostraron que los datos de las encuestas no correspondí­an a la realidad. El caso del señor Rabbé es un buen ejemplo de la satanización que se realizó en su contra en algunos de los medios de comunicación. Prácticamente se le hizo invisible. Y la realidad es que ocupó el cuarto lugar con un significativo porcentaje de votos del electorado. Desdichadamente las encuestas electorales se han convertido en una peligrosa y poderosa herramienta de propaganda cuyo saldo es la perversión del sistema democrático.