“Cada cual tiene su vicio propio, en el que continuamente recae” Jean de la Fontaine
Pocas instituciones del Estado se caracterizan por la total ejecución del presupuesto, que no necesariamente significa eficiencia en la misma, o calidad en el gasto, por lo que es “normal” que nos enteremos de noticias como la que ha protagonizado el Congreso, por la compra de última hora, y en condiciones más que cuestionables, de cámaras de vigilancia, por la bicoca de más de seis millones de quetzales.
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La Noticia adquiere más relevancia porque: 1) Había oferentes con precios más bajos, 2) El Jefe de Compras Guillermo Ramírez Rodas tuvo que reintegrar más de Q30,000.00 hasta el mes de septiembre por compras sobrevaloradas, esta misma persona fue uno de los artífices en la compra de las cámaras, 3) Todo el período legislativo que termina hoy 14, ha estado sumido en escándalos por la sobrevaloración de compras, en corrillos del Congreso se menciona que, Ramírez Rodas responde a las directrices que le dicta desde la zona 14, una persona que no trabaja en el Congreso, pero con mucha influencia dentro de él.
El fondo del asunto estriba, en que la sobrevaloración a las compras de bienes y servicios en el Congreso, durante la dirección que recién termina, sobrepasa los límites de la tolerancia (que no deberíamos tener) en relación a la ejecución del gasto público, en uno de los organismos en donde menos resultados se perciben durante el año recién terminado.
Las noticias sobre compras sobrevaloradas han destacado, pero ¿Cuánto realmente se pierde en corrupción en Guatemala? Buscando notas sobre la corrupción en Guatemala, no existe casi institución alguna que no haya sido señalada de corrupción, ya sea de forma frontal como el caso de la sobrevaloración en la compra de bienes y servicios en el Congreso, como los gastos en viajes sin explicación institucional, que realizan los funcionarios públicos, aunado a lo anterior el porcentaje de comisión que se cobra a los proveedores y prestadores de servicios, por los encargados de los departamentos de compras, o los financieros de las instituciones.
Regresando al tema principal, que se traduce en la magnitud de los actos de corrupción de la actual administración legislativa, que en tan solo un año, ha sido señalada en incontables ocasiones de sobrevaloración kafkiana, así como los diversos hilos que mueven los actores reales (no los empleados de menor jerarquía) se hace necesario que se realice una investigación profunda, en los gastos efectuados durante el año que recién finaliza, ya que si por algo se ha distinguido el Congreso, es por los altos índices de corrupción, pero este período especialmente ha sido mayúsculo, ya que la sobrevaloración, sumado a la comisión, ha llegado a niveles de un 300% del valor normal de los bienes y servicios.
La compra de las cámaras, que fue el último golpe a las finanzas del Congreso que propinó el hasta hoy jefe de compras, y quienes dirige, sumado a quienes obedece, nos da los parámetros del grado de responsabilidad de los mismos, podemos observar por lo tanto, que el dinero de los impuestos se diluye de diversas formas, comisiones, sobrevaloraciones, plazas fantasmas, diezmos por mantenerse en un puesto, viajes de placer, gastos innecesarios, gastos superfluos, en fin toda una gama de formas de gastar el dinero público (a lo que cínicamente se le llama ejecución) el problema estriba en que las instituciones siguen en trapos de cucaracha, o los bienes son desechables, porque no responden a los parámetros de calidad que deberían establecerse como mínimos.
Desde que se abrió el portal de Guatecompras, existen requerimientos mínimos de los productos que salen a licitación o cotización, según sea el caso, pero ninguno se cumple en la práctica, así que cierra con broche de oro en el aspecto financiero, una nueva JD del Congreso con un escándalo de sobrevaloración en la compra de cámaras de vigilancia, nada más y nada menos.