Muchos dicen que los meses de noviembre y diciembre son los más lindos del año, pues nos traen envuelta en papel de regalo la fantasía de la Navidad. Conforme van pasando los días, la magia de esta fiesta va cubriendo gradualmente las principales ciudades de Guatemala. La celebración de la Navidad con la que se festeja el advenimiento del Niño Dios, es una ocasión propicia para reflexionar sobre los principales problemas que afronta nuestro pueblo, ante todo por los altos niveles de violencia y criminalidad, que literalmente nos tienen de rodillas ante los delincuentes.
Por eso resulta muy gratificante el mensaje que para vivir en paz, están transmitiendo quienes cultivan el arte dramático. Un ejemplo de esta preocupación, es la obra de teatro «Navidad sin fin» que todos los domingos a las 11 y 16 horas, se ha estado presentando en dos de los principales escenarios de la capital de Guatemala, la Universidad Popular situada en 10ª. calle 10-32 zona 1 y la Sala de Teatro Fragraci de la 20 calle 23-80 zona 10. Sus funciones están dedicadas esencialmente para los niños. Los boletos de admisión son de treinta quetzales.
Esta obra es una singular creación escrita y dirigida por el maestro Nery Aguilar con la coreografía de Fernando Juárez. Como habrán de imaginar nuestros lectores, la figura principal es Santa Claus o «Jó Jó» como cariñosamente le llaman algunos niños pequeños que están en el período en el cual comienzan a articular sus primeras palabras.
El actor Adolfo Portillo, es quien de manera magistral personifica a Santa con su clásico traje rojo y su característica barba. El elenco está integrado además por William Padilla como Tomasín; Ligia Bonilla como Toti; Glenda Morales como Pay; Leonardo Palencia, que actúa como Astro; Reyna Pacay con el papel de Moni; María René Díaz como Dulce y Leila Chay como Jacinta.
El elenco y la escenografía están bajo la responsabilidad de Eliseo García. Las luces y sonidos de Franklin Gramajo y la Asistencia de Dirección, Producción y Relaciones Públicas a cargo de Sergio Cruz, Jorge Hernández y Dulce Ahollbama.
Además de sumergir al público, especialmente a los niños, en el sueño de la Navidad, la obra introduce mensajes educativos de carácter muy formativo como los de vivir en paz, no decir mentiras, sino siempre la verdad. Con mucha sutileza subraya que los niños no son malos. Agrega que son traviesos, pero no malos.
En resumen, se trata de una excelente expresión artística que aprovechando la víspera de la Navidad, tiene un contenido muy positivo para las nuevas generaciones. Además, asistir a estas funciones contribuye a estimular el arte dramático en Guatemala.