En una modesta mezquita del estado de Michigan, en el noreste de Estados Unidos, el refugiado Jabar Al-Zayadi reza por la familia que dejó en Irak, diez años después de haber escapado de su patria luego de que el régimen de Saddam Hussein matara a su hermano.
Pero la familia que quedó atrás vive en medio del miedo y -como otros miles- tiene pocas esperanzas de abandonar Irak.
«Me considero bendecido, especialmente luego de ver que mi madre y el resto de ellos vive sin agua potable o electricidad», explicó Al-Zayadi, que regresó a Irak recientemente por un periodo de tres meses.
«Todo es muy duro allí», dijo.
En muchas formas el Irak que dejó hace dos semanas está peor que el que abandonó cuando huyó de Saddam, dijo a la AFP. Muchos edificios están destruidos y todo el mundo teme por su seguridad, afirmó. Algunos días parece que todo el mundo porta un arma.
«Es una lucha aquí con el trabajo, la política y todo, pero ni se acerca a lo que ocurre allá», consideró este chiita. «Mi madre quiere venir, pero es muy anciana. El resto no puede obtener visados».
Washington anunció el miércoles que acelerará su plan para permitir el ingreso de unos 7.000 iraquíes vulnerables, tras acusaciones de que se permite refugio a muy pocos en Estados Unidos.
Hasta el momento sólo 701 refugiados iraquíes recibieron asilo en Estados Unidos desde la invasión de 2003, comparados con los 9.000 que fueron admitidos por Suecia en 2006.
«Estamos comprometidos en la ayuda a todos los refugiados iraquíes», dijo la secretaria de Estado adjunta Paula Dobriansky, en una conferencia organizada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para marcar el Día Mundial del Refugiado.
«Sentimos una obligación moral, en especial para ayudar a los iraquíes que se pusieron en riesgo para trabajar con el gobierno de Estados Unidos», señaló.
Pero los activistas creen que la cifra de 7.000 es inalcanzable.
«Pensamos que entrarán unos 2.000, pero incluso esa cifra es un desafío porque el proceso es extremadamente lento», dijo Ken Bacon, director de la organización Refugiados Internacional, basada en Washington.
«La relocalización es sólo la punta del iceberg», agregó en una entrevista telefónica.
«Hay 2,2 millones de refugiados de Irak, la mayoría de ellos están en Siria y Jordania. El desafío es encontrar la forma de ayudarlos a todos para que puedan esperar un futuro, para que no se sientan abandonados», dijo
La ONU dijo en 2006 que la cifra total de refugiados en todo el mundo es cercana a los 10 millones.
Unos 100 refugiados llegarán pronto a la zona de Dearborn, donde habita una de las mayores comunidades árabe-estadounidense.
Muchos serán recibidos por el imán Husham Al-Husainy, que provee apoyo espiritual para los cerca de 15.000 chiitas de la zona en el Centro Kerbala.
Pero al tiempo que Al-Husainy reza con la esperanza de traer más iraquíes a Estados Unidos, está profundamente preocupado por la posibilidad de que «elementos criminales» reciban asilo y dañen todavía más la relaciones de su país adoptivo con Medio Oriente.
«Realmente aliento, aprecio y celebro lo que el gobierno (de George W. Bush) está haciendo, pero el lado político de todo esto nos puede poner en problemas», explicó.
En lo que respecta a Al-Zayadi, se esfuerza por mantener a su esposa y sus siete hijos con su trabajo en una pizzería. Espera conseguir un trabajo mejor y comprar la casa que ahora alquila. Pero está agradecido por la libertad de la que goza pese al trabajo duro y las ansiedades financieras.
«En Irak me preguntan cómo es aquí, y yo les digo que la vida aquí es diferente», afirmó sonriendo. «No tengo mucho, pero tengo a mi familia, y tengo una vida buena y decente. Eso es todo».