La lógica de los precios


Ayer el Ministro de Energí­a y Minas ofreció declaraciones recogidas, de manera escueta, por la Prensa cuando, al referirse a la inflación y el alto costo de la vida, dijo que así­ como estaba bajando el precio de los combustibles tení­a que bajar el precio de todos aquellos productos que se habí­an disparado como resultado de la crisis energética. Y así­ como en su momento manifestamos nuestro desacuerdo con el ingeniero Carlos Meany al respecto de la lentitud de las petroleras para reflejar las rebajas, ahora tenemos que manifestar nuestro completo acuerdo con su punto de vista.


Si vemos lo que ha ocurrido con el transporte, tanto de pasajeros como de mercancí­as, veremos que los transportistas aumentaron tarifas para compensar el alza del diésel, pero ahora que ese insumo crucial en su estructura de costos ha bajado considerablemente, nadie dice esta boca es mí­a. Y es cuando tenemos que decir que desafortunadamente la mano invisible del mercado se vuelve en mano peluda cuando se trata de sacarle provecho a las necesidades de la gente y que hace falta una mano visible, la del Estado, para sancionar a los especuladores.

¿Cuántas empresas de transporte en rutas cortas han reducido la tarifa desde que bajó el precio de los combustibles? ¿Cuántas empresas de carga han hecho lo mismo luego de la reducción de sus costos? No digamos lo que pasa con el vendedor de verduras o los proveedores de otros insumos que, a la hora de sentir el apretón del alza de los combustibles, actuaron con celeridad para evitar pérdidas y aumentaron el valor de sus productos, pero ahora pareciera que no se han enterado de que los combustibles ya están más baratos y, mucho menos, que sus ganancias son mucho mayores por obra y gracia de aquellos incrementos.

Si el mercado fuera perfecto, así­ como los bienes suben de precio por puras razones de mercado, que tienen que considerar costos, también debieran bajar cuando su producción se hace más barata por la reducción de precios. Siempre decimos que los precios son la excepción a la regla fí­sica de que todo lo que sube tiene que bajar, pero ahora estamos frente a condiciones concretas en las que debiera haber rebaja y la misma no llega. ¿Hace falta o no la mano visible del Estado? Esa pregunta tiene que ser respondida por los ciudadanos que resienten el efecto de lo que ahora no puede considerarse sino como pura y clara especulación para aumentar desmedidamente las ganancias a expensas de la necesidad de la gente.