Por fin es una realidad la Ley de Comisiones de Postulación, al ser publicado en el Diario Oficial el Decreto que la contiene. Esta normativa, si no estoy equivocado, no es más que el proyecto que en su oportunidad elaboró la Comisión de Fortalecimiento de la Justicia, presidida por el Lic. Arnoldo Ortiz Moscoso y que doña Nineth tuvo el buen tino y mérito de desempolvarlo y actualizarlo, para garantizar la escogencia de los candidatos a las magistraturas de justicia, acto cuya transparencia se ha vuelto un imperativo impostergable.
Como lo anoté en un artículo anterior, me tocó integrar la primera comisión de postulación que se encargó de designar a los candidatos a magistrados del Tribunal Supremo Electoral, conforme el Decreto Ley que creó dicha institución, durante el gobierno de facto del Gral. Ríos Montt. Como lo señalé en aquella oportunidad, a los comisionados nos llevó todo el plazo con que contábamos (20 días hábiles) para concluir la nómina.
Las sesiones, conforme el decreto aludido eran secretas, por lo que con toda libertad podíamos evaluar a los profesionales que se proponían y exponer sus virtudes o imperfecciones. Cada quien hacía la propuesta de quien se estimaba reunía los requisitos legales o los impuestos por la Comisión. El algunos casos, se resolvía de inmediato con una aprobación o un rechazo, y bastaba un voto razonado en contra para el rechazo unánime. Tengo presente que cuando fue propuesto un abogado que tenía cierto prestigio, un miembro de la Comisión, honorable y confiable, le señaló un grave antecedente. Yo, en verdad quedé perplejo, pues lo creía de una intachable conducta. Así son y pueden ser las cosas.
La publicidad en que ahora deben desarrollarse los debates de las comisiones, es innegable que puede representar una garantía para la transparencia, pero también puede ser un arma de dos filos. Por ejemplo, a sabiendas de que son escuchados y observados, algunos comisionados se pueden inhibir de hacer señalamientos en contra de algún candidato, máxime si éste está presente.
Por otra parte ¿Quiénes serán los integrantes del público? Me imagino que no habrá ninguna restricción; hasta perico de los palotes estará presente, además de los políticos, grupos de presión, empresarios (CACIF), sindicalistas, los propios interesados (algunos ávidos de protagonismo y privilegios) y, no digamos, los medios de comunicación.
Todos con sus propios apadrinados. ¿Quiénes guardarán el silencio y el orden? ¿En qué lugar será la sede? ¿En un estadio? ¿En el Teatro Nacional? Todos estos aspectos deben estudiarse detenidamente, para que los eventos tengan el éxito que todos deseamos. Salvo mejor opinión.