Cuando se habla del narcotráfico generalmente pensamos en los Zetas y los sicarios que trabajan para los capos que dirigen los cárteles y que se encargan de eliminar adversarios y mantener ese clima de violencia que es característico de todos los países por donde pasa la droga hasta que llega a Estados Unidos, donde ya se puede comercializar libremente y sin ningún tipo de control o complicación.
Pero rara vez se pone atención al tema del lavado de dinero, porque las multimillonarias cantidades que se mueven en ese negocio no son como los 82 millones que tocó Meyer en el Congreso, es decir, no se esfuman así por así y desaparecen sin dejar huella. Son millones de dinero que ingresan a la economía formal por distintos medios y que debieran ser detectados mediante las normas para el lavado de dinero.
Ayer Estados Unidos publicó con gran aspaviento una información sobre una red de narcotráfico y sus instrumentos para lavar dinero. Las autoridades guatemaltecas no tienen aparentemente ni idea de lo que fue publicado, por lo que el dato se sustenta únicamente en lo que han trabajado los contingentes antinarcóticos norteamericanos. Y eso que se nos ha impuesto una férrea ley contra el lavado de dinero y otros activos, pero por lo visto aquí estamos como están las autoridades norteamericanas que tampoco le atinan para descubrir sus propias redes de lavado de dinero que operan internamente.
Del Río Grande para abajo abunda la información y se conocen los traficantes, los cabecillas de las bandas responsables de producir y trasegar la droga utilizando a esos países como puente. Se captura a importantes líderes de los cárteles y se extraditan a Estados Unidos para ser castigados por los delitos que cometen justamente en estas tierras, donde sobornan a autoridades, eliminan a sus competidores y manejan los cargamentos para llevarlos a su destino final.
Además de la pregunta lógica sobre cómo se manejan esos cargamentos al pasar la vigilada frontera norteamericana, hay que averiguar también cómo es que opera allá la lavandería, es decir, el negocio de blanquear y lavar los millones que el consumidor norteamericano pone en mano de los traficantes que operan allá. Allí sí parece como si tuvieran a un Meyer encargado de hacer que el dinero desaparezca, se esfume y no deje la menor huella, porque nunca se sabe que la eficiente DEA reporte éxitos en el control de las operaciones que ocurren al norte del Río Grande.
La sensación es que el narcotráfico es nuestro problema, nuestra maldad y nuestra perversidad. Nosotros ponemos los muertos y además recibimos las madreadas mientras allá, algún émulo de Meyer la hace de mago y desaparece pistas, huellas, droga y pisto.
Minutero:
Dicen que parece hueveo,
pero que sólo son altas finanzas;
así se defienden los transas,
pues no hay más que puro hueveo