Durante 16 años sufrió constantes abusos y maltratos por parte de su conviviente, quien intentó quitarle la vida de un escopetazo. El incidente, dice, le cortó un brazo, “pero no las alas”. Ahora Adelma Esperanza Cifuentes Albizúrez, una mujer alegre de 40 años, es una actriz que ha viajado por toda Guatemala, Centroamérica y España presentando obras que buscan sensibilizar a las autoridades para que hagan justicia, principalmente en casos de femicidio y violencia contra la mujer.


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Cuando tenía 21 años, Adelma conoció a René. Fueron novios ochos meses y decidieron casarse el 18 de diciembre de 1994. Durante los primeros años del matrimonio procrearon tres hijos; dos niños y una niña. Casi al mismo tiempo que ellos, los problemas fueron creciendo. Él empezó a maltratarla hasta el punto de golpearla con rudeza.
El hombre que una vez la enamoró, se convirtió en poco tiempo en su peor pesadilla.
“Empezó a tratarme mal, me insultaba, me humillaba, me decía que yo no servía para nada, que yo no era mujer para él, que era muy fea y que cómo se había fijado en mí, que si él no se hubiera casado conmigo, nadie me hubiera querido”, cuenta.
Adelma acababa de tener a su tercer hijo por medio de cesárea. El seguro social la suspendió tres meses, y como no podía ir a trabajar, su conviviente se enojaba y aun en su condición de recuperación la agredía físicamente y psicológicamente. Los abusos iban en aumento, pero la mujer “se aguantó, por sus hijos”.
Pensó que era un escenario pasajero, sin embargo la situación no cambiaba, así que para disipar la tensión en el ambiente familiar decidió dejar su hogar y volver a la casa de sus padres por unos días. “Siempre me trataba mal, pero ese día que regresé, no me creyó que fui con mi papá y me golpeó tan fuerte, que me agarró del pelo y me arrastró por toda la casa. Yo veía que mis hijos lloraban”.
“Puse la denuncia y me dieron una hoja para pedir medida de seguridad para que la presentara en la Policía, pero me dio miedo entregarla”, recuerda Adelma y cuenta que entonces René se enteró y empezó a golpearla con más saña.
Los años transcurrían y la situación no cambiaba.
“Me fui otra vez a vivir sola con mis hijos durante un año, tiempo en que pagué un cuarto y alimenté con mi trabajo a mis niños. Luego él me empezó a pedir que regresara y yo de tonta regresé, pero ya después se portó aún peor”, relata.
Cuando Adelma accedió a volver con René, le impuso la condición de que regresaba pero que no tenía que dejar de trabajar, porque “le dije que yo sí podía mantener a mis hijos y al final accedió, pero eso lo enojaba y me quitaba mi dinero”.
Para manifestar el desprecio que sentía por Adelma, cuando ella decía que podía mantener a sus hijos, René empezó a amenazarla, diciéndole que la iba a dejar impedida: “Decía que quería ver si de esa manera podía mantener a mis hijos, pero yo nunca lo creí”. Adelma recordó las palabras de René: “Te voy a cortar las canillas (piernas) con un hacha”.
Con una mirada vagabunda, como recordando unas palabras que nunca pensó ver traducidas en realidad, pronunció lo que su exconviviente le decía: “Te voy a quebrar la columna para dejarte en silla de ruedas, y después yo me voy a ir a Estados Unidos y cuando te saquen del hospital me voy a reír de vos y de tus hijos”. En efecto, René emigró como indocumentado, pero las cosas no resultaron como esperaba.
“Él me dijo que se había regresado del norte, era para luchar juntos por nuestros hijos, y le dije que sí, pero cuando regresó, regresó aun con más maldad, era exigente, me sacaba desde las cuatro de la mañana para que me fuera a trabajar con él en el campo. Y en la noche, yo me venía a lavar, a tortear, a hacer oficio”, dice.
Adelma también recordó que en ese tiempo, trabajando en el campo, tuvo un accidente y se quebró un dedo del pie: “Él quería que así siguiera trabajando y del enojo no dejaba que ni me pusiera zapatos. Me llevaba descalza a trabajar”.
La situación se fue poniendo cada vez más difícil, porque empezó a echarla de su casa. “A cada rato me sacaba. Yo fui con una jueza y me dijo que si yo tenía la escritura de propiedad, que no me fuera, y así lo hice, me quedé. Pero por eso, continuaron las amenazas, pero ya no eran solamente de que me dejaría impedida, sino que me iba a matar”.
“Uno nunca cree que su mismo esposo haría algo así”, dice Adelma, mientras mantiene su mirada fija al relatar su situación, que en un momento llegó a quitarle las ganas de vivir.
“Todos los días lloraba, le contaba a mi mamá; le preguntaba qué hacer y ella me decía que no le hiciera caso, que esas eran mentiras, que cómo creería que mandaría a matar a la madre de sus hijos, que aguantara la situación, y la aguanté, hasta que llegó el día en que lo hizo”, expresa.
“ME APUNTARON AL CORAZÓN”
El 18 de marzo del 2008 dos hombres entraron violentamente a la casa de Adelma; dos de sus hijos la tomaron de la mano, uno de cada lado, mientras veían que los intrusos tenían armas en sus manos.
“Vi que me apuntaron al corazón. Cuando dispararon, uno de mis niños me jaló hacia el cuarto, y el disparo se fue hacia mi brazo”, dice.
El proyectil salió de una escopeta de calibre 12; el impacto esparció la sangre por la habitación y los sujetos se esfumaron en cuestión de segundos; entre gritos y llantos, los vecinos llamaron a una ambulancia y trasladaron a Adelma hacia un hospital, donde estuvo internada un mes para recuperarse de la cirugía que le practicaron para intentar salvarle la extremidad.
Adelma no dudó que su entonces esposo había llevado las amenazas hasta las últimas consecuencias.
“Él les pagó a unos sicarios para que me vinieran a matar, y encima de todo eso el malvado llegaba a verme al hospital y me decía que si pedían mi declaración, que no fuera a decir nada”, relata con notable indignación.
Según recuerda, estuvo internada cerca de 30 días en el centro asistencial, y nadie, ni siquiera las autoridades acudieron a pedirle su declaración o algún tipo de información del hecho, pero “estaba decidida, porque el único que me amenazaba era él”.
El tiempo transcurrió y regresó a su hogar, sin embargo, el brazo lastimado se infectó y aunque le realizaron dos operaciones más, su organismo no soportó las intervenciones, por lo que tuvieron que amputarle la extremidad para salvar su vida.
UNA “VIDA” AMPUTADA
Aunque Adelma recibió el disparo en el brazo también lo sintió en su corazón. Según cuenta, también su autoestima y el amor por la vida le habían amputado, porque en lugar de recibir apoyo, regresó a vivir con el hombre que la intentó matar. “Siguió echándome de la casa, porque toda la gente le decía que por qué me había dejado así, que mejor me hubiera matado de una vez”.
“Me empezó a tratar de “cuta”, y ponía a mis niños a que me dijeran así, y que no servía para nada. Aguanté todo porque me había resignado a morir y ya no quería vivir porque en realidad sentía que sin mi brazo ya no podría hacer nada”, relata Adelma.
Después de eso se enteró que los sicarios la estaban buscando para matarla, porque René aún les debía Q3 mil, y les dijo que si no terminaban el trabajo jamás les pagaría.
“Yo no lo había denunciado, pero a los tres meses empezó a maltratarme por medio de mensajes en el teléfono, pero todo llegó al extremo cuando dijo que me quitaría a mi hija para que la violaran”, cuenta.
El mensaje lo recibió el 9 de agosto, cinco meses después del atentado que casi le cuesta la vida. “No lo hice por mí sino por mi hija. Yo ya había aceptado morirme, pero a mi hija no permitiría que la tocaran”.
Ese día acudió a un juzgado e inició una batalla legal y judicial para prevenir que algo malo le pasara a su hija, y para buscar justicia por la violencia a la que fue víctima durante años.
“Yo no me animaba a denunciar; fui con una jueza a pedir ayuda y ella me mandó medidas de seguridad, me dijo que fuera a Cicam (Centro de Investigación, Capacitación y Apoyo a la Mujer) a recibir un tratamiento psicológico para tener valor de denunciar y así fue. Tuve valor y pude terminar el juicio.
La afrenta judicial terminó veinte meses después. El 23 de abril de 2010, el Tribunal Primero de Sentencia Penal condenó a René Monzón a 25 años de prisión.
Sobre los sicarios que intentaron asesinarla, no hay información que dé cuenta de avances en la investigación.
“LA JUSTICIA SÍ EXISTE”
La justicia llegó para Adelma, pero cuenta que no fue nada fácil: “Si uno va a poner su denuncia y no está encima y encima insistentemente de los fiscales no se hace justicia”.
“Para que mi caso no quedara impune yo fui bien necia, tuve bastante perseverancia. Yo le llamaba a diario a mi abogado y al fiscal para ver cómo iba el juicio, y cuando no había razón, yo me iba para los tribunales”, señala.
Cuando se le pidió que enviara un mensaje para las mujeres que están pasando por una situación similar a la suya dijo: “Para las mujeres, justicia sí hay, pero hay que ser perseverantes. Una no puede dejar que la ley mueva su caso. Cuando concluyó el juicio, ellos (el abogado y el fiscal) claramente me dijeron que por la persistencia y la constancia que tuve, fue que le pusieron bastante asunto a mi caso, porque hay gente que va a poner sus denuncias, ya ni preguntaban, así es como los casos se quedan retrasados. Sí hay justicia, pero cuesta”.
LA JUSTICIA QUE HABITA EN MÍ
Para superar el trauma psicológico que le dejó la situación que vivió, y más aún por perder su extremidad, Adelma se involucró en un proyecto teatral impulsado por el Centro Cultural de España en Guatemala, que movilizó a un grupo de mujeres que sufrieron violencia intrafamiliar con el objetivo de sensibilizar sobre ese problema a la población.
El grupo ha viajado por Guatemala, Centroamérica y España presentando la obra “La justicia que habita dentro de mí”, que es principalmente “para sensibilizar a los jueces y fiscales, para que hagan justicia”, explica Adelma.
“Cuando actúo, me tomo muy en serio mi personaje. Todo lo que dice el otro actor, que es el agresor, lo siento. Hay momentos en que las lágrimas ruedan, pero es así como trasmitimos lo que queremos, la sensibilización en los casos de violencia contra la mujer, para que la justicia llegue”, concluye.
Ahora Adelma vive feliz y se sostiene económicamente con la ayuda que recibe por la presentación de las obras de teatro y porque tiene una vaca llamada “Lala”, a la que ordeña para hacer y vender queso.
LA LEY CONTRA EL FEMICIDIO
Nery Ródenas, director de la Organización de Derechos Humanos del Arzobispado en Guatemala (ODAGH), considera que el que haya una Ley contra el Femicidio y otras formas de violencia contra la mujer ha permitido mejorar los sistemas de recepción de denuncias de investigación y de sanción. “Posiblemente eso signifique una reducción, pero más allá de un marco legal lo que tenemos que hacer, es entrar en las conciencias de los hombres y las mujeres, hacer ver que el machismo es un mal que afecta al país”, advierte.
“Mucho del problema con el femicidio y violencia contra la mujer tiene que ver con esa actitud machista que tenemos, creernos superiores a la mujer y que ellas se crean inferiores, cuando somos iguales en derechos y obligaciones y el Estado debe generar espacios de protección más fuerte a aquellos sectores que se encuentran en un tipo de desventaja”, subraya.
En ese sentido, Lucía Muñoz, como fundadora de la ONG Mujeres Iniciando en las Américas, busca atacar esa raíz a la que Ródenas se refería: la cultura de machismo.
La entidad que dirige tiene como fin la prevención e intervención, para ayudar a erradicar la violencia de género a través de capacitaciones en niñas y niños, jóvenes y adultos, para darles educación con enfoque de género, y además de impulsar el proyecto Hombres contra el Femicidio, el cual busca concienciar a la población masculina, para acabar con la cultura machista.
Adelma Esperanza Cifuentes Albizurez
“Yo no lo había denunciado, pero a los tres meses empezó a maltratarme por medio de mensajes en el teléfono, pero todo llegó al extremo cuando dijo que me quitaría a mi hija para que la violaran”.
“Para que mi caso no quedara impune yo fui bien necia, tuve bastante perseverancia. Yo le llamaba a diario a mi abogado y al fiscal para ver cómo iba el juicio, y cuando no había razón, yo me iba para los tribunales”.
ESTADÍSTICAS
En el 2011 ingresaron al Organismo Judicial 23 mil 659 casos de delitos contemplados en la Ley contra el Femicidio, y otras formas de violencia contra la mujer. De estos casos se dictaron 412 mil 119 que fueron absolutorias, lo que representa el 1.74 % de efectividad en esos procesos.
En el primer trimestre de este año, ingresaron 6 mil 523 casos y se han dictado 117 sentencias. En ese sentido, y ante el alto porcentaje de impunidad, Thelma Aldana, presidenta del Organismo Judicial y la Corte Suprema de Justicia (CSJ), impulsó la creación del Centro de Femicidio, un lugar en donde se concentran todos los juzgados y tribunales especializados en delitos contra la mujer.
“El conocimiento de este problema nos ha orientado a impulsar la justicia especializada. Este es un proceso que no en un mes dará resultados, pero ya tenemos las bases que nos animan a seguir en busca de la justicia para las mujeres”, señala.
Según datos del Ministerio Público, la Fiscalía contra la Violencia sobre la Mujer, investiga 24 mil 735 casos por delitos contemplados en la Ley contra el Femicidio y otras formas de violencia contra la mujer, de éstos resaltan las investigaciones de 185 femicidios.
Alba Trejo, comisionada presidencial contra el Femicidio en Guatemala, señaló que desde el 1 de enero de este año, hasta el pasado 21 agosto han ocurrido 396 muertes violentas de mujeres, comparado con el año pasado en el mismo período fueron 456, son 60 muertes menos.
Esta reducción se da porque estamos trabajando el tema de capturas, dijo y agregó que en el año se han efectuado 669 capturas por violencia contra la mujer, “que se califican como prevención de femicidios”.
Respecto a la creación del Centro de Femicidio, dijo que agrupar todos los mecanismos es bueno porque las mujeres ya no tendrán que ir de un juzgado a un tribunal, de un lado a otro, para resolver sus casos; la desventaja es la ubicación señaló, para lo que espera que el OJ brinde soluciones alternas.
También envió un mensaje a las mujeres diciendo que confíen en las instituciones de seguridad y justicia, ya no están tan solas como antes.