La jugada


Editorial_LH

En pocas situaciones resulta tan certero el refrán de “piensa mal y acertarás” que en lo que tiene que ver con la política y la gestión pública en nuestra pobre Guatemala. Ayer el jefe de bancada del Partido Patriota, el experimentado político Arístides Crespo, anunció que desistían del interés de aprobar los bonos del Tesoro para pagar la deuda flotante con el fin de desentrampar la agenda del Congreso y facilitar la aprobación de las leyes de transparencia. Oyendo tanta chulada, cualquiera diría que nuestros diputados cambiaron mágicamente y de la noche a la mañana abandonaron sus intereses espurios para pensar en que el mayor problema del país es la corrupción que campea por todos los ámbitos de la administración y quieren corregir el desastre.


Sin embargo, todo indica que en el fondo estamos frente a una jugada que ni siquiera puede calificarse como hábil, sino simplemente como una jugada más en contra de los intereses de la Nación y de sus habitantes. Con mucho colmillo por los años que ha pasado en el Congreso, Crespo hace una finta que permite al resto de sus colegas una especie de salida elegante para superar la interpelación a Batzín y entrar a la aprobación de una serie de leyes que, para variar, fueron redactadas con intenciones perversas. Las leyes de transparencia son, en realidad, leyes de opacidad que pretenden terminar de castrar a la Contraloría de Cuentas, de por sí inútil, para que de una vez por todas se le elimine siquiera la posibilidad de que el día de mañana llegue un contralor con voluntad y agallas para meter las narices en las cuentas del dinero público.
 
 Y, de paso, el Presidente de la República reafirma que no piensa en retirar la iniciativa para aprobar los bonos porque insiste en que hay que “honrar” la deuda flotante, como si lo deshonesto se pudiera honrar simplemente por decreto.
 
 Se va a abrir la agenda del Congreso, pero ni por asomo vaya a pensar que se trata de un esfuerzo patriótico por atender los temas más urgentes del país. Se va a abrir la agenda del Congreso como se hizo cuando aprobaron las reformas a la Ley de Telecomunicaciones, como cuando se aprobó el presupuesto y como cuando se han puesto de acuerdo en cualquier cosa nuestros diputados, es decir, dando paso a la transa que no tiene ni remotamente algo que ver con la responsabilidad parlamentaria.
 
 Un diputado conocedor del tema desnudó la mañosa maniobra para disfrazar como leyes de transparencia las leyes de la corrupción. La jugada está vista y cantada, pero nada impedirá que se concrete porque a la opinión pública no le importa.

Minutero:
No crean que es un progreso 
que desentrampen la agenda; 
van tras alguna prebenda, 
pues para eso existe el Congreso