Hasta hace pocos años acusar a un político rival de izquierdista era considerado uno de los peores insultos en la arena política estadounidense, pero tras la guerra de Irak, los vientos viraron en dirección contraria y los que están ahora de capa caída son los conservadores.
«La era conservadora está muerta. Que descanse en paz (…) o no», afirmó Brad Woodhouse, responsable de la coalición de izquierda de los Estadounidenses Unidos por el Cambio.
La victoria de los demócratas en las dos cámaras en las elecciones legislativas del pasado noviembre dio un nuevo brío a la izquierda en ese país adormecida desde los tiempos dorados de los primeros años de la presidencia de Bill Clinton (1992-2000).
A ello se le sumó el creciente descontento de los estadounidenses con la guerra en Irak y los picos de impopularidad que sufre el presidente estadounidense George W. Bush.
Muy atrás quedaron esos años en que Karl Rove, uno de los principales consejeros del presidente estadounidense, aseguraba sin miramientos que la mayoría conservadora en el Congreso era «permanente».
La izquierda estima que los estadounidenses ahora escuchan con atención y seriedad sus propuestas respecto a un plan de cobertura de salud para todos, la guerra, la economía y el comercio.
«La idea de Karl de una mayoría eterna se esfumó. Los estadounidenses se desplazan cada vez más hacia la izquierda», opinó Robert Borosage, codirector de Campaña para el Futuro de Estados Unidos (CAF, por sus siglas en inglés) que organizó durante tres días una conferencia de filas progresistas, que congregó a más de 3.000 personas, y en la que participaron los principales contendientes demócratas para la Casa Blanca en las elecciones de 2008.
Melody Barnes, responsable de la organización de izquierda Center for American Progress, cree que «el gran proyecto conservador fracasó».
Según ella, los estadounidenses, desean dar vuelta la página, cansados de años de dominación republicana en el Congreso, los dos mandatos de Bush, una guerra que parece no tener fin y el caos que quedó tras el pasaje del huracán Katrina que mostró la incapacidad del Estado federal de dar una respuesta rápida tras una tragedia de ese tipo.
Pero los comicios de noviembre de 2008 serán la verdadera prueba para constatar el peso de la izquierda estadounidense en caso de que un demócrata salga elegido.
Muchos progresistas ya se han quejado de que los demócratas, a quienes ellos ayudaron para que obtuvieran la mayoría en el Congreso, no los escuchan suficientemente y no hacen la suficiente presión para poner fin a la guerra en Irak.
El senador demócrata Joseph Biden, uno de los pretendientes a ocupar el Salón Oval de la Casa Blanca, afirma sentir la cólera entre los militantes de izquierda en ese punto.
«Su decepción es comprensible pero creo que a su vez se están dando cuenta de que el margen de maniobra es limitado», indicó.
Los llamados «progresistas demócratas» no son demasiados en el Senado. Por el contrario muchos demócratas en la Cámara Alta se definen como conservadores.
Eli Pariser, responsable de la organización MoceOn.org, cree que los candidatos demócratas deben escuchar a sus electores de izquierda, más allá de si los aspirantes a la Casa Blanca se inclinan hacia las ideas de centro.
El año pasado, Hillary Clinton, fue abucheada en la conferencia de la CAF debido a su rechazo a pedir un retiro inmediato de las tropas estadounidenses de Irak.
Pero seguramente la acogida de Clinton en la CAF será bien diferente este miércoles, luego de que la ex primera dama se negara a votar el presupuesto que Bush pedía para financiar la guerra en Irak y prometiera, de resultar electa, hacer regresar las tropas estadounidenses a Estados Unidos.