La isla de los patos, desprestigio del Parlamento de Gran Bretaña


Esta isla para patos, valorada en 1,800 euros, forma parte de los gastos excesivos reclamados por los legisladores británicos.

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<p>Desde una isla para patos hasta la limpieza de una piscina, pasando por una silla para masajes y comida para perros: los reembolsos de gastos reclamados por los representantes de Su Majestad han cubierto con un manto de sospecha al venerable Parlamento británico.</p>
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El escándalo ha puesto en jaque a toda la clase polí­tica y ha provocado ya varias dimisiones -entre ellas la del presidente de los Cámara de los Comunes, Michael Martin.

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<p>La lista cotidiana de los gastos excesivos reclamados por los legisladores británicos, que el diario conservador Daily Telegraph empezó a publicar hace 14 dí­as, provoca el asombro y la indignación de los contribuyentes británicos, que afrontan la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>A las reclamaciones de reembolsos por candelabros, reparación de pistas de tenis en aristócratas mansiones, pagos por hipotecas que no existen, se sumó el jueves la revelación de que un legislador tory (conservador), Peter Viggers, reclamó 30.000 libras (33.000 euros, 45.000 dólares) por gastos en su jardí­n, entre ellos una «casa flotante para patos».</p>
<p>Viggers, que reclamó al fisco el reembolso de 2.500 dólares por esa «isla para patos», abandonará su escaño en la próxima elección, anunció el partido conservador, después de que el Telegraph aireara la noticia, acompañada de una foto de la lujosa residencia flotante para los palmí­pedos del legislador.</p>
<p>Hasta el momento, las revelaciones del Daily Telegraph han salpicado a más de 170 diputados de todos los partidos y desacreditado al Parlamento en su conjunto. Y aquellos diputados cuyo nombre aún no ha aparecido en el diario no deben dormir muy tranquilos.</p>
<p>En los programas de radio y televisión se multiplican los llamados «a que caigan cabezas» y se reclama a los diputados -que usan el término de «honorable caballero» para dirigirse unos a otros en el Parlamento- saquen sus chequeras y devuelvan al endeudado fisco el dinero con el que han redondeado sus salarios.</p>
<p>El escándalo ha salpicado a todos: los ministros de Trabajo, James Purnell, y de Transporte, Geoff Hoon, no pagaron impuestos sobre las grandes ganancias que obtuvieron al vender casas cuya compra habí­a sido parcialmente financiada por los contribuyentes, y el ministro de Justicia, Jack Straw, reclamó el reembolso de un impuesto local que no habí­a pagado.</p>
<p>Los «tories» no se quedan atrás: un parlamentario conservador, Bill Wiggin, reclamó el reembolso de una hipoteca que no existí­a en una sus casas, y otros han reclamado el pago de candelabros, suntuosas alfombras y muebles, limpieza de fosos o calentamiento de piscinas en lujosas casas campestres.</p>
<p>Wiggin alegó a la BBC que se habí­a «equivocado al llenar el formulario» para reclamar el reembolso de la hipoteca, lo que provocó que una contribuyente llamara a la radiocadena para declarar que si el legislador «no es capaz de llenar bien un formulario, ¿cómo se puede esperar que administre bien el paí­s?».</p>
<p>Tras el escándalo que ha puesto en jaque a toda la clase polí­tica y ha provocado ya varias dimisiones -entre ellas la del presidente de los Camara de los Comunes, Michael Martin- los tres grandes partidos están de acuerdo que es inevitable reformar el sistema de gastos de los diputados.</p>
<p>Los laboristas, conservadores y liberal-demócratas han acordado ya acabar con la autogestión de la cámara baja, transfiriendo a un organismo independiente su organización interna.</p>
<p>En un intento de recuperar algo de la credibilidad perdida, y quizá de salvar sus cabezas, los legisladores se dicen dispuestos a examinar incluso un tope mensual a sus gastos, que la mayorí­a usa para redondear sus sueldos o costearse un lujoso estilo de vida.</p>
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ESCíNDALO Profundizan la crisis


El escándalo de las facturas de gastos presentadas por parlamentarios británicos erosiona al gobierno de Gordon Brown, quien desestimó el miércoles llamados a elecciones anticipadas, mientras la población expresa abiertamente su desconfianza en el desprestigiado Parlamento.

La crisis polí­tica, alimentada por revelaciones cotidianas sobre las abusivas facturas presentadas por los diputados de los principales partidos, que han reclamado desde el reembolso de muebles y ropa al mantenimiento de una piscina, se agudizó tras la renuncia el martes del presidente (speaker) de la Cámara de los Comunes, Michael Martin.

Al dí­a siguiente de esa renuncia –inédita en 300 años– Brown, cuyo partido laborista jamás ha estado tan bajo en los sondeos, fue asediado en el Parlamento con llamados a que convoque a elecciones anticipadas.

«Tras la renuncia de Martin, qué mejor manera puede haber de resolver este asunto» de las facturas abusivas «que mediante la convocatoria a elecciones legislativas» anticipadas, le planteó el miércoles el lí­der de la oposición conservadora, David Cameron.

Brown rechazó tajantemente esa sugerencia. «Todos los partidos cometieron equivocaciones» y la única manera de avanzar es «limpiar el sistema en vigor», no cambiar a las personas que lo dirigen, aseguró el primer ministro laborista en el Parlamento.

«Nuestro deber no sólo es cambiar el sistema en la Cámara de los Comunes», declaró Brown, estimando que «quien cree que el problema puede ser resuelto cambiando algunos nombres, está equivocado».

«Nuestro deber es llevar al paí­s a través de las dificultades de la recesión» económica, insistió el jefe de Gobierno británico, intentando llevar el debate al campo de la economí­a, que es su punto fuerte, y recuperar la iniciativa polí­tica, lo que no parece que le será fácil.

El lí­der de los liberal demócratas, segunda fuerza opositora, subrayó por su parte que «la gente no quiere una elección con nuevos rostros y las mismos reglamentos podridos».

«Lo que debe cambiar es la manera cómo se hace polí­tica en su conjunto», insistió Nick Clegg en la Cámara de los Comunes.

Pese a la tradicional reserva británica, el desprestigio del sistema polí­tico en su conjunto es el tema de indignadas conversaciones en pubs y autobuses, donde el otro gran tema es la crisis económica, que ha provocado millones de despidos en el Reino Unido.

Muchos aseguran que el laborista Martin –un antiguo obrero metalúrgico, con 30 años en el parlamento, de los cuales los últimos nueve como presidente de la Cámara de los Comunes– ha sido sólo la cabeza de turco del escándalo polí­tico que vive el paí­s, y reclaman que más cabezas deben caer.

La renuncia de Martin, que tendrá efecto el 21 de junio, «refleja el colapso de la fe de la opinión pública en el sistema polí­tico», resumió el miércoles en un editorial el diario conservador Daily Telegraph.

Además, la dimisión de Martin como «speaker» será acompañada de su renuncia a su escaño en los Comunes, lo que obligará a convocar elecciones parciales en su circunscripción de Glasgow Norte.

Nadie espera que los laboristas ganen ese escaño, que será seguramente obtenido por un pequeño partido independiente o por el partido nacionalista escocés.

Mientras, el desprestigio que alcanza a todos los grandes partidos es tan grande que los lí­deres de las tres principales formaciones –Brown, Cameron y Clegg– se vieron obligados a reunirse para negociar una reforma de los gastos de los diputados y el funcionamiento del mismo Parlamento.