La isla


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Es muy gratificante ver el esfuerzo personal, creatividad e iniciativa puestos en práctica por personas que actúan aisladas de la mayoría porque poseen una conciencia y actitud positiva sobre el trabajo urgente que tienen y la responsabilidad de realizar actividades educativas, en el sentido más amplio, en beneficio a los alumnos en las aulas más lejanas y también en las más cercanas a las ciudades, sin discriminación alguna.

Raymond J. Wennier


Las nuevas ideas o el refinamiento de las ya existentes, reúnen las cualidades necesarias para ser consideradas dignas de compartir con otros que trabajan con alumnos en diferentes niveles educativos. Dichas ideas están aplanando el camino hacia la excelencia, tanto en el papel del maestro como en el rendimiento de los alumnos. El 14 de marzo del año en curso asistí a la premiación del “Maestro 100 puntos” auspiciado por Empresarios por la educación. Los conceptos arriba mencionados corresponden a los maestros “Maestro 100 puntos”. ¡Felicitaciones, sigan adelante!

En enero de 1978 se inició un programa televisivo llamado “La isla de la fantasía”. El sello especial de ese programa, que muchos recuerdan, era cuando “Tatoo” se paraba en una torre, gritando ¡El aviooonnn, el aviooonnn!, mientras tocaba la campana avisando la llegada de los visitantes. El tema central del programa era que los visitantes podían encontrar la forma de cumplir sus fantasías, individuales o grupales.

La definición de la palabra “isla”, según el DRAE, es: “Porción de tierra rodeada de agua por todos lados”, El adverbio es, “separadamente”. También dice que significa “un conjunto de árboles, o monte de corta extensión, aislado…” El dicho “Se deja de ver el bosque por ver el árbol” va muy bien con la acepción de la palabra “isla”.

La época de la adolescencia es para los jóvenes como estar en una isla. El agua que rodea la isla va y viene en constantes oleadas, unas son más pequeñas otras más altas y de repente se calman. Eso es exactamente una descripción correcta del ánimo de un adolescente. El joven está calmado y de repente se pone en un movimiento que puede variar de un extremo a otro; esto significa molestia para algunos (adultos) y aceptación para otros (sus “peers”). Es lo que sucede en el aula, pero la mayor parte de maestros no reconocen que ese movimiento es normal en la época de la adolescencia y terminan castigando al joven. Los jóvenes no saben por qué han sido reprimendados por el maestro y lo único que sienten es que han sido injustos con ellos. A veces reciben bien esa «corrección» y otras veces se rebelan contra la medida tomada por el maestro. Los jóvenes son como los grupos que llegan en el avión de la Isla de la fantasía, son múltiples, vienen de todos lados, son diferentes personas, que han escogido ese lugar y que tienen muchas fantasías que quieren experimentar. Los jóvenes prefieren tener opciones de las cuales puedan escoger. Sin embargo, normalmente tienen que seguir una «receta»  de qué y cómo hacer las cosas en el aula. Precisamente eso sucede  en el aula cuando se siguen un currículo y una metodología rígidos que hay que cumplir y no discutir. Las fantasías que los jóvenes han fabricado en su mente son el producto de, o lo que le ha producido una falta de estabilidad en su pensamiento y en su conducta. Dentro de esa inestabilidad el joven está buscando su propia identidad para poder decir «soy…» y que le gusta lo que ve de sí mismo y siente. Si las olas que golpean las costas de la isla son muy fuertes, pueden erosionar y socavar las bases de su buen actuar y causar conductas que aumentan la inestabilidad y la dificultad de conocer su identidad verdadera.

La «isla» de los jóvenes tiene tierra firme también. Es la familia la que les da esa estabilidad o debería ser la entidad que la proporcione. Si hay buena comunicación, respeto por el espacio de cada quien y actividades en familia que permitan el movimiento físico mental adecuado y la posibilidad de escoger actividades entre alternativas variadas, se sienten más seguros en ellos mismos para hacer frente a las «oleadas» que se les presenten. Es la familia la que ayuda al joven a tener una visión más amplia y no ver únicamente un árbol. Cuando no hay una familia integrada para hacer lo anterior, es el maestro quien tiene que ser el sustituto, quien tiene la responsabilidad de ayudar al joven a saber cómo manejar esa variedad de «oleadas» que le pegan. Una de esas «olas», tema de actualidad, es el «bullying». Los maestros en aula tienen que reconocer, aconsejar y corregir situaciones que puedan ser calificadas como acoso escolar. Lo que está en riesgo, si el «bullying» y otras «erosiones» dominan el estado físico – mental – emocional del joven, es la disminución de su autoestima, su autoseguridad, y se dirigirá a un desastre académico escolar. Si el maestro detecta señales tempranas de estas situaciones, éste es el momento de fijar los valores que lo van a proteger de las «oleadas» negativas en el futuro. De nuevo, es la escuela la que tiene que incluir en su quehacer diario, estrategias de cómo mantenerse por encima de las olas y no envuelto en ellas. Hay varios términos que se pueden usar para describir esas estrategias, como Moral y Valores o Formación Personal que tienen por objetivo formar parte integral de los estudios de los jóvenes. El mismo proceso educativo en los niveles desde la preprimaria hasta terminar el diversificado, tiene que reconocer que para ir de una isla a otra o llegar a tierra firme, es necesario que haya un período de «transición». Es de especial importancia una transición programada y efectuada de la pre-adolescencia a la post-adolescencia. El apropiado crecimiento físi-mental-emocional de los de la «isla», depende del acompañamiento que les demos a los jóvenes. Tenemos que entender por qué digo que los adolescentes son una «isla».