La inversión social


Creemos que Guatemala tiene tal déficit en cuestiones sociales, reflejadas de manera patética en los bajos indicadores del desarrollo humano, que cualquier esfuerzo que se haga para aumentar la inversión social es digno de encomio. Algunos ven ese tipo de polí­ticas como populismo, pero no se puede ocultar la importancia que tiene la atención a los más necesitados en un paí­s donde la pobreza y la pobreza extrema son flagelos que realmente matan a muchos.


Un argumento importante en la crí­tica es aquel que insiste en que no hay que regalar pescado a la gente sino enseñarles a pescar, mismo que tiene una lógica evidente, pero que debe ser matizado por una lacerante realidad. No sólo no hay agua ni peces, sino que mientras se le enseña a la gente lo más probable es que mueran porque sus necesidades son enormes. En esa situación no podemos darnos el lujo de postergar la atención hasta que «aprendan a pescar» y es imperativo asegurar la subsistencia y vida digna mientras se dan las condiciones en que puedan sobrevivir por sus medios.

Ahora bien, el punto más crí­tico de los programas de cohesión social que ha impulsado el gobierno actual está en la necesidad de absoluta transparencia porque será ese el motivo de los más duros señalamientos en su contra. El compromiso con los más pobres, la necesidad de fortalecer programas para atenderlos, demanda un extraordinario celo por la transparencia de parte del mismo gobierno, sabiendo que ese será el flanco por el que se le ataque y que cualquier falla en el tema de la probidad hará que se derrumbe todo el proyecto de asistir a la gente más pobre.

Es aquella de las situaciones en las que cae como anillo al dedo la idea de que no basta con ser honrado sino que además hay que aparentarlo, tal y como se le exigí­a en la antigí¼edad a la mujer del César, porque se le puede hacer un daño muy serio a un programa que despierta suspicacias entre quienes tienen por prurito la idea de que no hay que ayudar a los más necesitados y que ellos tienen que proveerse de los medios para subsistir sin ayuda del Estado. Nada importa que vivamos en un paí­s donde no se les brinda oportunidad a todos para realizarse con la dignidad intrí­nseca de su condición de ser humano, porque el azadón del mercado, por fortuna ya maltrecho, impuso la regla de que debe abandonarse toda polí­tica de inversión social. Repetimos, el tema de la transparencia es crucial porque será el blanco de todos los ataques para acabar con un programa objetado por dogmatismo ideológico.