La inversión extranjera masiva en tierras africanas


FOTO LA HORA: FAYEZ NURELDINE/AFP

Bailarines africanos durante el segundo Festival Cultural Pan-africano (PANAF) que por segunda ocación se realiza en Argelia donde algunos están interesados en estimular el crecimiento económico.» title=»FOTO LA HORA: FAYEZ NURELDINE/AFP

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<p>Los especialistas están divididos ante la conveniencia de la inversión masiva en tierras arables del continente, a menudo en forma de contratos opacos y desventajosos para la población local.</p>
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«Potencialmente, estas adquisiciones de tierras pueden inyectar inversiones necesarias en la agricultura y las zonas rurales de paí­ses pobres en ví­as de desarrollo», explica el Instituto Internacional de Investigación sobre Polí­ticas Alimentarias (IFPRI), en un informe publicado en abril.

Sin embargo, esas adquisiciones «suscitan temores respecto a su impacto en las poblaciones locales, que se arriesgan a perder el control o la posibilidad de acceder a unas tierras de las que dependen», añade el IPFRI, formulando una idea compartida por numerosas ONG.

«La tierra es en sí­ una cuestión polí­tica en todo el mundo. La entrada de un actor suplementario (un tercer paí­s, una sociedad agroalimentaria) que aspira a este recurso escaso y disputado puede añadirse a la inestabilidad socioeconómica de paí­ses en desarrollo», advierte el IFPRI.

Así­, la cólera surgida en Madagascar por un inmenso proyecto agrí­cola, cerrado entre el régimen del presidente depuesto Marc Ravalomanana y la sociedad surcoreana Daewoo Logistics, alimentó el resentimiento de una parte de la población y contribuyó a la caí­da del mandatario.

Daewoo Logistics debí­a obtener según el contrato 1,3 millones de hectáreas de tierra no cultivada para producir aceite de palma y maí­z. En contrapartida, se comprometí­a a construir infraestructuras y a crear 70.000 empleos. Por el momento, la crisis polí­tica desatada en la isla ha echado por tierra el proyecto.

En otro paí­s africano, Kenia, la presidencia cerró un acuerdo de principio con Qatar en diciembre de 2008 para ceder 40.000 hectáreas con fines agrí­colas, a cambio de la construcción de infraestructuras.

«Es una forma de hegemoní­a (…) Qatar nunca cederí­a a Kenia participaciones en sus campos petrolí­feros», critica el abogado keniano Evans Monari.

Pocas semanas más tarde, el presidente keniano Mwai Kibaki declaró el estado de catástrofe nacional, al haber 10 millones de personas ví­ctimas de la penuria por la sequí­a y la incapacidad del paí­s de asegurar un abastecimiento suficiente de alimentos.

«Probablemente es una buena cosa para esos paí­ses (que adquieran las tierras), pero es terrible para los paí­ses africanos, porque es como abrir una sucursal de un paí­s» en otro, comenta Pedro Sánchez, del Instituto de la Tierra, en la universidad neoyorquina de Columbia.

Sin embargo, al igual que el economista nigeriano Jonas Chianu, otros expertos consideran que el intercambio de tierras por infraestructuras ausentes o deficientes en muchos paí­ses del continente puede estimular su crecimiento.

«En lugar de dejar esos recursos sin explotar, es mejor comprometerse en acuerdos de arrendamiento» de tierras, dice.

Además del impacto en las poblaciones locales, estos proyectos de agricultura intensiva, y a veces de monocultivo, generan temores medioambientales.

Es el caso de Kenia, donde varios proyectos de biocarburantes amenazan seriamente el ecosistema frágil y rico del delta del principal rí­o del paí­s, el Tana.

«Es una forma de hegemoní­a (…) Qatar nunca cederí­a a Kenia participaciones en sus campos petrolí­feros».

Evans Monari

Abogado keniata