La integración latinoamericana: un gran ideal


La América Latina es una hermosa zona geográfica conformada por numerosos paí­ses hermanos que han estado y siguen divididos, aunque siempre han mantenido relaciones armoniosas entre sí­, con respeto de sus legí­timos derechos soberanos y demostrando reciprocidad en sus diversas relaciones.

Marco Tulio Trejo Paiz

Simón Bolí­var quiso un dí­a luminoso unir como en fraterno abrazo a las naciones de Sudamérica tras romper heroicamente las oprobiosas cadenas del colonialismo español. Otros hombres han acariciado ese mismo ideal, pero hasta hoy los paí­ses de la región se encuentran «amurallados» dentro de sus respectivos lí­mites territoriales.

Serí­a un gran acontecimiento histórico lograr la feliz cristalización del ideal integracionista de la América Latina; mas, al menos por ahora, ese sueño parece no ser realizable por razón del exacerbado nacionalismo de casi todos los pueblos de la región.

Hay marcado interés de lí­deres polí­ticos que empuñan riendas de poder, en algunos estados de nuestra América Indiana, de realizar la ansiada unión regional, pero infortunadamente campean también ciertos intereses que pueden estar restando simpatí­as y aceptación a lo que pretenden esos gerifaltes de la politiquerí­a de indeseables y preocupantes complicaciones internacionales.

Avezados analistas de lo que acontece en algunos paí­ses que han caí­do en las redes de golpistas, de polí­ticos y politicastros entronizados constitucional y seudoconstitucionalmente, tienen la percepción de que se está urdiendo una conspiración contra el sistema democrático para instaurar regí­menes dictatoriales de gobierno de tipo «socialista» que, en su momento, pueden ser declarados «comunistas», como ocurrió en la Cuba atrapada por Fidel Castro y sus hordas…

Los planes conspirativos tienen dedicatoria especial contra los Estados Unidos de América. Los promotores o protagonistas de las maquinaciones han estado trafagando en cercanas y lejanas latitudes para eslabonar la conspiración. Han puesto sus plantas en la China comunista, en Irán, en Corea del norte, en Vietnam, en Rusia, en Siria, en Palestina y en otros patios del mundo para regar babas de araña, como dirí­a el doctor Arévalo.

Más de un dictador sudamericano de los nuevos oleajes de la politiquerí­a internacional ha dicho que el propósito ?de suyo maquiavélico? es destruir pian, pian y pian, piano al «imperio», para luego lograr la integración no sólo de la América Latina, sino a la vez de otras «parcelas» de los diferentes continentes donde han sido masificadas a la soviética las sociedades que sólo pueden resignarse franciscanamente bajo las herradas botas y mediante el lenguaje «convincente» de las fustas de los fieros dictadores y tiranos que lo primero que hacen al entronizarse es poner a funcionar los llamados «tribunales populares» para masacrar en las prisiones y junto a los paredones de fusilamiento a los mortales que supuesta o realmente no van a remolque, cabizbajos y servalmente, a sus posaderas.

El objetivo ?al que apuntan fijamente? los que dicen estar tratando de unificar a los paí­ses de la Amerindia puede ser inalcanzable este siglo, el otro, el otro y el otro, porque los pueblos difí­cilmente permitirán que se les prive de respirar en el vivificante clima de la libertad y de todo lo demás que brinda con la pureza de sus esencias la democracia. Puede ser más fácil que los conspiradores desaparezcan tarde o temprano o más temprano que tarde, que las ví­ctimas de la gran conjura.