Pocas acciones reflejan el efecto que tiene el poder, el licor o ambos, como los recientes hechos acontecidos en Retalhuleu en los que tuvo destacada participación la exviceministra de atención primaria del Ministerio de Salud, Tamara Obispo.
De conformidad con diversas noticias de prensa, la señora Obispo en compañía de su retoño y dos guardaespaldas libaba licor en un restaurante de la capital del mundo, discutieron y agredieron por alguna razón a los meseros del lugar y luego, cuando los agredidos y testigos llamaron a la policía, la señora Obispo tuvo a bien dirigir un repertorio de sandeces a los policías que pasaron desde acusarlos con el Presidente para que los diera de baja, “cagarse en ellos”, “quebrarles el culo”, hasta el corolario de hacer referencia a una supuesta inmunidad que según ella le facultaba y permitía agredir, atropellar, portar armas sin documentos y otra serie de gracias sin que ninguna autoridad pudiese detenerle. Estoy claro que las acciones de la señora Obispo han sido, cuando menos en trascendencia, la excepción de la regla, de lo contrario cada domingo habría historias de funcionarios que ahogados en poder y licor nos darían pinceladas de su educación, cultura y gracia.
Ahora bien, resulta que luego de los hechos que la hicieron pública, aparecieron una serie de señalamientos en contra de la señora Obispo, especialmente en su actuación en el Ministerio de Salud, allí, acusaciones de nepotismo y malos manejos sacaron a colación un perfil que no es posible que pase desapercibido al momento de que se integre un Gobierno, por supuesto este, el Gobierno, actuó bien al momento de destituirla de manera inmediata luego de conocerse lo acontecido, pero el solo hecho de que haya podido pensarse en una persona así para llegar a un viceministerio, pone en duda la existencia de algún tipo de filtro que evite que las deudas de campaña sean las que nutran los cuadros del gobierno que se integran.
La probidad debe ser el común denominador de los funcionarios, son empleados públicos y nos representan, probidad es sinónimo de honradez, honestidad, integridad y rectitud en el comportamiento y eso debe reflejarse en todos y cada uno de sus actos y en todos los días de su vida mientras ostenten un cargo público, no es posible un domingo dejar la probidad en casa y pretender llevar la inmunidad a cuestas.
La actuación de los agentes de la Policía Nacional Civil es de aplaudirse, se mantuvieron firmes y ellos evitaron la impunidad, la actuación del Juez que liberó a la señora Obispo y a sus secuaces debe ser investigada por el Organismo Judicial, como es posible que les retirara los cargos por los delitos de transporte y portación ilegal de armas de fuego bajo el argumento que el arma que transportaba en su vehículo sin documentos no era de ella, bajo esos razonamientos que Dios nos agarre confesados. Corresponde al Gobierno hacer una revisión de sus cuadros medios a efecto de evitar que un bochorno como éste les lleve más desgaste del que ya tienen.